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CORNADA DE LOBO

Bach en la viña

 

GARCÍA TRAPIELLO
16/04/2018

Quien quiera buscarme, si me pierdo, podría empezar por Bután, pero últimamente es mejor que lo haga por Nueva Zelanda, la prefiero, presenta un atractivo equilibrio entre lo natural y lo civilizado, entre lo salvaje y el buenos días tenga usted.

Ese país tiene todas las gracias del seductor nato al ser dos islas en las que siempre están a mano la playa, el bosque, el pasto, el lago, el volcán o el glaciar alpino... y un orden pulcro, tan británico, en todo su paisaje agrario o en poblamientos de casita repintada. Y la ciudad, bien abrochada.

Admira especialmente que en un lugar occidentalizado por ingleses se vea tanta pervivencia maorí, su gente aborigen y su ancestral cultura (no son reserva ni museo; viven, pueblan y su voz pesa hasta lograr, por ejemplo, que el río Whanganui fuera hace un año el primero del mundo en lograr personalidad jurídica, su río sagrado)... por no hablar del deporte más limpio y a la vez embarrado, el rugby, que allí es religión y por eso empiezan cada partido con una danza indígena, la haka, que hace bajar a todos sus dioses al césped y así no hay dios que pueda con los Old Blacks, los mejores en la ley del balón ahuevado, maoríes son sus estrellas... y maorí es la cuna del tatuaje más antiguo ahora chuleado por el occidental que se pirra por lograr que su pellejo parezca una tapia grafitera.

Un cazurro en Nueva Zelanda nunca se sentirá en ajeno al ver peñas y rebaños merinos, tataranietos de ovejas que salieron antaño de estos cordeles y cañadas (hoy: seis millones de ovejas allí; León: ni dos mil)... o vacadas... y cultivos primorosos... entre ellos, ¡un viñedo junto al mar!, lugar nada indicado para la uva, pero allí alcanza gloria original y lanza a la fama al vino neozelandés... y entre las viñas, ¡¡altavoces!!... su dueño salao les pone música clásica y esas cepas ya conocen a Bach, Vivaldi o Chopin y su vino no deja de subir de precio; no hay razón científica que demuestre esa influencia vigorizante, pero el tipo cree que sí. Que lo sepa Pradatope, quizá a sus viñas de Campelo le sienten bien Bach o violín zíngaro o gregoriano indulgente... ¿quién sabe?... mal no les caerá.

   
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