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La última del diario

De bailarina en Auschwitz a la felicidad

A los 90 años, Edith Eger escribe un libro sobre su vida en el campo de exterminio.

 

Edith Eger convierte su libro en la mejor venganza contra Hitler. - Efe

Javier Pachón
05/03/2018

ºBailaba en Auschwitz para vivir un día más, para no ser la siguiente. Edith Eger es, a sus 90 años, una superviviente del infierno nazi que se sirve de su tragedia y de todo lo que tiene en su mano para construir un mundo mejor, para luchar por la felicidad que Hitler le robó y que ella ha recuperado.

En 1944, una columna de humo que salía de donde habían llevado a su madre «para que se duchara» fue la vía por la que Eger, a los 16 años, recibió la noticia de que nunca volvería a verla, poco después de acceder al mortífero campo de exterminio nazi en la Polonia ocupada.

Su padre también murió a causa de la maquinaria del horror fascista, pero ella fue capaz de subsistir en un entorno de odio donde solo su sueño de ser bailarina le salvó de la muerte.

Su vida antes, durante y después de la tragedia han sido recogidas en las memorias de Eger, doctora en Psicología, en una obra titulada La bailarina de Auschwitz (Planeta, 2018).

«La mejor venganza contra Hitler es que mi libro se haya traducido al alemán y se esté vendiendo en Fráncfort», comenta en una entrevista con Efe la autora, que ahora vive en San Diego, California, tras haber emigrado a Estados Unidos en 1949.

La nonagenaria explica que si por algo consiguió sobrevivir al Holocausto es por su trabajo, para poder «ayudar a la gente que ha sido victimizada para que no sean víctimas».

Precisamente, esa es la actitud que rigió su vida en los años posteriores al genocidio, cuando se puso una meta: que sus hijos nunca vivieran lo que ella había visto.

«Nunca me retiraré. No creo en las retiradas», asegura Eger, quien considera que «nunca» superará el terror que le impuso Hitler, sino que su vida y su felicidad pasan por aceptar lo que vivió hace 74 años.

La angustia era parte de la rutina en Auschwitz; cada vez que entraba con su hermana en la ducha, la incertidumbre se apropiaba de ellas: ¿sería agua o gas lo que saldría de las tuberías ese día?

El ballet fue su billete a la supervivencia puesto que Joseph Mengele, el sádico médico encargado de seleccionar quién viviría en Auschwitz, pedía encuentros con ella para que bailara para él.

La escritora estuvo cerca de alcanzar su sueño, plasmado en una instantánea en blanco y negro que aún conserva, cuando formaba parte del equipo olímpico de gimnasia húngaro antes de que el nazismo le excluyera por su origen judío.

«Si sobrevivo hoy, mañana seré libre», repetía una y otra vez en su mente mientras reflexionaba sobre su vida más allá del campo de concentración; una fantasía junto a su amor de la adolescencia, Eric, al que nunca volvió a ver.

   
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