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CORNADA DE LOBO

Calma... y letra

 

PEDRO TRAPIELLO
11/01/2018

Cuestan las cuestas; y en enero, el doble, hay poca gana, el cuerpo zurrado tras las señalizadas fechas dice quietos... y aplazamos el brío o la intensidad que se exige al estrenar algo... «no quieren los gitanos ver a sus hijos con buenos principios»... con esta vieja muletilla bromeaba mi tío maestro, don Andrés, cada vez que comenzaba perdiendo un tute subastao y con ello se animaba en el traspiés (hoy ni se me ocurriría decirlo, eso es tentar a denuncias o a diablos).

«Feliz Año Nada Nuevo», dijo Iñaki Gabilondo.

Lo básico al empezar el año es pausar esos principios, quitar ruido de la cabeza, no acelerar las cosas (queda por delante el año entero) y azorrarse con una mantita de vellón y un buen libro, que vienen fríos, tardes plomizas y horas modorras. Hay que poner a las neuronas a hacer gimnasia para que rebajen la grasa insidiosa atropada en cada ridícula discusión familiar, esa cárcel navideña de las palabras que llenamos de demonios viejos.

Y al efecto, no me pudo llegar mejor argumento para este propósito que un libro de edición primorosa (Lalo Mayo es un orfebre en maquetas y gran gusto) en el que se cuenta y se recrea todo lo que sobre comida, cocina o bebercio aparece en El Quijote y alrededores de la circunstancia cervantina. Tomás Álvarez, consumado periodista y paisano escritor, ha hecho un trabajo compilatorio descomunal y de pluma galante, barroca y amena que tentará a releer a Cervantes o a estrenarse en él, que mucho hablamos y le tenemos preso en estantería (en este libro aprenderá mucho el lector recreando además su vista con las ilustraciones con que el pintor astorgano Sendo rubrica aquí su maestría).

Antes vino otro libro de otro Álvarez, Isidoro, juez que ya conoce el lector de este Diario por sus tribunas. Pero también es un gran poeta. Patrimonium tituló su 14 poemario. La poesía en invierno calienta el corazón o lo subleva; y ahí dice «Banderas todas rotas, otras enhiestas/desfilaban al son de los ecos/de los tiros. Balance de lágrima/entre entierros. Qué digo, la comuna/entre cunetas y tapias en los osarios».

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