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EL BAILE DEL AHORCADO

El círculo virtuoso

 

CRISTINA FANJUL
23/02/2018

Cuanto mayor es la mentira que dices, menos te alejas de la realidad, porque la realidad se ha convertido en una ilusión, en un mundo vicario en el que cada cual ve lo que más le interesa. Ya no existen verdades absolutas. Todo es relativo y multicultural, aunque menos civilizado. Una expresión de la nueva semántica vital es la declaración que el catedrático de Economía Zenón Jiménez Ridruejo le soltó el martes a la juez. Es la pirueta perfecta para explicar el lugar en el que nos hemos metido. Un catedrático de Economía Aplicada dice ante un tribunal de Justicia que la refinanciación de los créditos a Santos Llamas se hizo con el único fin de que el sistema no quebrara, amén de mantener los puestos de trabajo y mantener con vida la entidad. La declaración fue extensa y a Jiménez Ridruejo le sirvió, entre otras cosas, para asegurar que estudiaba mucho, como corresponde a un catedrático. Esto último es mío, no de Zenón.

La realidad paralela, que no es más que la suya personal, llegó cuando le preguntaron por la refinanciación de los créditos del constructor y por aquellos días presidente de la caja. Fue entonces cuando convirtió a Santos Llamas en España y al resto, en súbditos, una figura que tendría que desaparecer de esa umma de pensamiento hacia la que degeneramos.

No sé si recuerdan esos años en los que la prima de riesgo subía y no parecía tener techo. Estábamos al borde del rescate y todos aseguraban que correríamos la suerte de Grecia. Fue en ese momento cuando comenzaron a decir que si España caía, caía Europa entera. «España no es Grecia», defendían para apaciguar los ánimos. Pues bien, con Santos Llamas, según el catedrático de Economía Aplicada Zenón Jiménez Ridruejo, ocurría lo mismo. Si caía él, todos al abismo, con lo que la refinanciación tuvo una finalidad virtuosa. Se hizo pensando en el porvenir, en el empleo, en la provincia, en la paz mundial... Fueron tres años de carencia tras los que Llamas dejó de pagar. Un gran bluff. El dinero también es una patria, y tiene muchos refugiados. Echen ustedes las cuentas de cuántos de ellos son tan sólo canalla.

   
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