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Crecer de espaldas a la vida

El maestro Lek, tailandés afincado en León hace 25 años, no olvidará la imagen de los niños sin familia que vio durante su labor de ayuda en la castátrofe del tsunami en Phi Phi y Phuket

 

Crecer de espaldas a la vida - Ramiro

A. Caballero - león
A. Caballero 18/01/2005

La imagen de venta de los tour operadores se archiva ahora en el fondo de los cajones: una niña con un vestido salpicado de flores tropicales corre por el margen de arena que una playa pone al azul de los cuentos de las princesas, mientras la sonrisa le alarga la cara en la paralela de sus ojos; sube la cámara y se ven palmeras, verde desbordante; alguien habla de un paraíso y la posibilidad de visitarlo... Pero lo que encontró el maestro Lek cuando regresó a su tierra no concordaba con esto. Tailandés con 25 años de residencia en la capital leonesa, donde regenta el Thai Boxing Club, la catástrofe del tsunami le pilló en pleno vuelo. Aterrizó y la demanda de personal que pudiese hablar varios idiomas le llevó «primero a la isla de Phi Phi y luego a Phuket», para «buscar a 14 españoles desaparecidos, de los que sólo se encontraron dos, uno de ellos muerto». Era el día 31 de diciembre y decidió volver «porque no podía con tanta pena». Y hubiera sido peor si hubiese sucedido el día en que el maestro Lek partió. «En Tailandia no se celebra la Navidad, pero si el Año Nuevo, por lo que habría muerto más gente en esa fecha». En dos días, la maleta se le llenó de muchas cosas para olvidar, que a menudo son las que más pesan. «Los niños no hacían más que preguntar por sus padres y los voluntarios tenían que convencerles de que estaban por ahí, que se les buscaba, para que dejaran de llorar; algunos daban vueltas a los cuerpos que estaban de espaldas para ver si eran su familia. Desde los 8 hasta los 15 años hay muchos niños que se han quedado solos», asegura antes de aventurar que «los más pequeños serán adoptados fácilmente, pero los mayores no encontrarán con quien irse». El problema nace ahora al analizar la pirámide de edades. Se ha perdido casi una generación y la que deberá reconstruir gran parte del país es demasiado pequeña. «Tardará mucho en olvidarse esto, hay familias de cuatro y cinco hijos que no pueden trabajar y están sin padres». El olor tampoco será una de las sensaciones fáciles de asimilar en la rutina del día a día para el maestro Lek. «Se pegaba a la ropa y no se te quitaba. Cuando llegué a León mi mujer decía que olía todo mal y tuvo que desinfectarlo». No es de extrañar si se analiza que en el aire del sudeste asiático quedan los 162.000 muertos y cerca de 3.00 desaparecidos de las cifras oficiales. «Y aparecerán más, porque el movimiento del mar creó una fosa en la que hay metidos coches, edificios, y más gente muerta».