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Enfrentamiento

 

la última josé maría calleja
31/08/2018

Paso a paso, la situación en Cataluña puede derivar en un enfrentamiento civil. Asusta el mero enunciado de estas palabras, pero parece que hay ingredientes suficientes como para que esta situación indeseada ocurra. Una ocupación totalitaria de los espacios, con una reiterada e impune violencia simbólica, como es colocar cruces, símbolos de que debajo hay un muerto, en playas y en plazas a las que deberían tener derecho a ir, sin toparse con semejante agresión icónica, todos los catalanes.

Mientras los supremacistas han colocado cruces y lazos donde les ha dado la gana, todo ha sido un ditirambo a favor de la libertad de expresión. Ha sido empezar a quitar los lazos agresivos para que la policía política del nacionalismo extremo se ponga estupenda y no pare de identificar a quienes los quitan. Tu puedes colocar una pancarta ofensiva contra el Rey y los bomberos se encargarán de que esté bien anclada. Pero si te da por quitar lazos inquisitoriales, la policía del régimen te identificará.

El Ayuntamiento de Vic arenga al atardecer a todos sus vecinos con un mensaje apocalíptico por altavoz imposible de eludir. Como si se tratara de la Radio de las Mil colinas, el ayuntamiento del partido corrupto heredero de los Pujol, asume funciones de ‘gran hermano’, nos advierte del pecado y llama al somatén, aquel ejército nacionalista, no necesariamente uniformado, pero ultra, dispuesto siempre a hacer las cosas como dios manda. Pura hinchazón carlista, así sea en tractor o por internet. El mensaje de ‘guerra santa’, en una zona de plena opulencia embutida, se acompaña de un clonc clonc de campanas que taladran el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo. Llamada de la patria para la guerra santa.

Además está el discurso de Torra, teorizado por manifestarse en forma escrita, y según el cual todo lo que no es nacionalismo fetén, es puro fascismo. Su carta de hace unos días da miedo.

Se dice que el parlamento es la forma pensada para evitar la guerra civil entre distintos. Aquí, el nacionalismo integrista ha cerrado el Parlament para que no le salten las costuras. Si se cierra el Parlament por decreto nacionalista, queda solo la calle, y ahí es más probable el enfrentamiento civil.