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CORNADA DE LOBO

Ese es mi alcalde

 

pEDRO TRAPIELLO
27/12/2017

Antonio Escohotado es un pensador versado y respetado. Su opinión la tiene muy en cuenta casi toda la tertulia por ser alguien que no busca ser más grande ni más alto que sus ideas grandes y sus altas averiguaciones. Dice en una entrevista: «Cuanta más inteligencia desarrolle un robot, mejor para el ser humano», justo cuando el agorero siembra alarmas ante una inteligencia artificial que sospecha sistemáticamente perversa. «El ataque que pueda protagonizar un androide a la especie homo sapiens solo puede dirigirse a sus facetas irracionales, mostrando cuánto le falta para ser sapiente en vez de demente a ratos».

Es la razón frente al interés particular, hoy más necesaria que nunca.

Vivimos tiempos de zozobra (maz vale que zuzobre que no que zuzfalte, nos tranquiliza Machaquito II, exmatador de reses bravas). Zozobrando. Cambian cosas. Siempre andamos en lo provisional y lo que no es provisional es efímero, no asoman valores fiables de vida larga ni territorios firmes. Todo se mueve. Las ciencias adelantan, pero las justicias atrasan. Sólo hay algo fijo que viene puntual: la hora del recaudador. «Y sólo hay dos verdades, repite Peláez: el agua siempre corre hacia abajo y las hostias a los mismos».

La política no sale de su negocio: se gobierna para la gente amiga o causa propia y al político se le exige que corresponda con favor a quien le puso ahí, ya sea baranda o votante. A partir de esta realidad se explica todo, empezando por una corrupción tan universal que empocilga a los estados desde Brasil a Lituania o del Odebretch a la Gürtel, y acabando por el despotismo (ilustrado o no) y la dictadura (totalitaria o democrática, que la hay)».

«Un robot que acumule inteligencia objetiva y no sofismas... eso es lo que necesitamos... la voluntad se obstina en someter a la inteligencia con dogmas y otros embustes» (Escohotado). Ese robot (el gran Código) atajaría el poder arbitrario o violento y superaría la orgía burocrática o la trampa de la ley... ese robot... «ese es mi alcalde», respingó Sócrates, que suscribe también al pensador al decir «la igualdad no solo es imposible, es indeseabe».

   
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