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CORNADA DE LOBO

Falda fuera

 

GARCÍA TRAPIELLO
04/06/2018

Querías belleza y hoy te la venden a raudales por las esquinas de la gimnasia y la cosmética... querías salud y hoy te inventan superalimentos andinos y vigorizantes semillas paleolíticas... querías dinero y hoy lo ganas sólo a título de deuda... querías cultura y ya tienes una tele con cien canales... querías justicia y hoy tienes la que mereces... querías sanidad y hasta las tiritas tienen lista de espera... querías la Luna y hoy la rifan en la chapa de un refresco...

Pero la ropa, que ni te la toquen. La ropa es el necesario disfraz para ir por la vida aparentando lo que uno no es (hoy las ricas pijas visten de chándal poligonero carísimo y las poligoneras buscan vestidos de princesa baratísimos, que los hay). La ropa es sagrada; y su capilla, el armario, donde dos tercios del ropaje guardado ya no pondrás jamás, aunque lo dejas ahí para que el bulto haga abundancia y puedas decir cada mañana ¡y yo qué coños me pongo hoy!... fatigosa vida.

Tras ver el otro día al Oráculo de Pedrún para que nos aventurara la que se nos viene encima (o por debajo; por atrás ya nos vino), paramos a saludar, cómo no, a la Profetisa de Matueca. Su pelo teñido y escarolo, sus párpados de azulete y su morro de hacha pintado en rojo margaretastor sólo podían pedir blusa leoparda suelta y unas calzas ajustadas que ahora llaman leggins; a sus setentaitrés ya le vale. Al vernos algo abducidos por su llamativa estampa exclamó ¡qué miráis!... mejor lo veréis mañana: la ropa deportiva ceñidita será de «a diario», los colores chillones de cancha y plató iluminarán las calles, el calzado deportivo os irá con el traje, las mallas de gimnasio valen para cocktails y soirés... en fin, si resalza el tipo y es cómodo, ese aire vencerá... y la curva venderá... es la Edad de la Gordura y hasta la que parece un botillo con tacones no tendrá pudor al embutirse en elásticos (a buena masa madre no hay hambre dura)... ¿queréis ejemplo?, mirad estos días la indumentaria de Serena Williams en el Roland Garros, parece un traje de neopreno marcando todo como quien dice ¡por mi potorro que se acabó la faldita y el mademoiselle en el tenis!