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Las garrapatas ya comían dinosaurios

Descubren en una pieza de ambar de 99 millones de años restos de los parásitos en un saurio con plumas.

 

Los dinosaurios también tenían problemas con las garrapatas. FRANCK ROBINCHON -

13/12/2017

efe | madrid

Las garrapatas ya acosaban a los dinosaurios emplumados en el Cretácico, una relación parasitaria que ha quedado encapsulada en una pieza de ámbar de hace unos 99 millones de años y que evidencia por primera vez la interacción entre ambos grupos.

Los detalles de esta pieza, junto a las características de varias garrapatas halladas en el yacimiento ambarino de Myanmar (Birmania), se desgranan hoy en un estudio publicado en Nature Communications y liderado por el investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) Enrique Peñalver. «Encontrar garrapatas aisladas en el registro fósil es raro pero no excepcional. De hecho, ya se habían descrito otras en el yacimiento birmano, del Cretácico, el periodo de extinción de los dinosaurios», explica a Efe Ricardo Pérez-de la Fuente, coautor del trabajo e investigador del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Sin embargo, nunca antes se había conservado en una misma pieza de ámbar la relación directa entre garrapatas y sus hospedadores. «El ámbar es resina fosilizada. Su principal característica es que es capaz de capturar organismos de forma rápida, lo que permite preservar las relaciones entre seres vivos, como dos insectos en cópula o un insecto con polen adherido, etc... es decir, nos permite contar con evidencias directas de relaciones entre organismos, algo que no ocurre con otros materiales fosilíferos como las rocas sedimentarias», asegura.

Y aunque las garrapatas son parásitos chupadores de sangre que tienen un impacto tremendo en la salud de los seres vivos, «hasta ahora no había pruebas claras de su papel en el tiempo profundo», detalla Enrique Peñalver.

El trabajo, por primera vez, presenta una pieza de ámbar en la que quedó encapsulada una garrapata aferrada a la pluma de un dinosaurio. «Es una evidencia directa de la relación de parasitismo entre garrapatas y dinosaurios emplumados, algo absolutamente excepcional en paleontología», subraya Ricardo Pérez-de la Fuente.

En el mismo estudio, los investigadores analizaron otros cuatro ejemplares de garrapata (una de ellas estaba llena de sangre y otras dos fueron encontradas en asociación con material relacionado con un nido de dinosaurio terópodo), pero todas ellas ejemplares de un nuevo grupo no descrito hasta ahora.

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