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LA 'CONTRA' DEL DIARIO

El jubilado de las mil botellas de brandy

Manuel Brú quiere entrar en el libro Guinness de los récords con su colección de coñac español y francés.

 

El jubilado ilicitano Manuel Brú guarda la colección de botellas de brandy en el comedor de su casa. MORELL -

22/01/2017

alicante | efe

Un jubilado ilicitano guarda en su casa alrededor de 1.300 botellas de brandy y coñac español y francés, una colección que ha recogido durante más de medio siglo y que este año quiere que se reconozca con en el libro Guinness de los récords.

Una visita a la casa de Manuel Brú significa adentrarse en una especie de museo, un espacio dedicado a la que, confiesa con una gran sonrisa en la cara, ha sido y es una de sus grandes pasiones, el brandy (coñac elaborado fuera de Francia) y el cognac.

Una afición desconocida para la mayoría y que guarda casi en secreto en el salón de su casa de Elche, repleto de estanterías de cristal en las que coloca con mimo y orden cada una de las botellas protegidas por cortinas.

Incluso ha llegado a tapar algunas de las ventanas de la estancia, por las que ya no entra la luz y que con el paso de los años se ha convertido en un escaparate internacional y centenario de este caldo «digestivo».

Y es que este jubilado, también apasionado por el mundo del calzado, posee probablemente la colección de brandy más grande del mundo, una condición que ha constatado después de investigar en internet durante años, en los que únicamente ha encontrado como rival un mallorquín que tiene «solo» 840 botellas.

Manuel cuenta con cerca de 1.300 botellas entre brandy y coñac, aunque señala que el récord Guinness se establecería con las 1.060 que posee de brandy, según le reconocieron hace unos meses desde esta organización a través de un correo electrónico.

«Este año espero conseguir el certificado, para que mi esfuerzo e ilusión haya valido para algo». Y por eso, después de que diversos bodegueros de la zona certificaran el número de botellas que tiene en casa, mandará los documentos necesarios a un notario «para que dé fe y además se encargue de enviarlo al Guinness».

La afición por estas botellas comenzó hace más de 50 años, cuando su madre y él regentaban una pequeña tienda de comestibles y un bar. Al cierre del establecimiento, el joven Manuel se quedó con las sobrantes y, a partir de ahí, inició esta colección.

   
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