+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

EL BAILE DEL AHORCADO

Juego de patriotas

 

Cristina Fanjul
20/02/2018

Se han convertido las redes sociales en el nuevo altar del juego de patriotas. La letra que Marta Sánchez ha ideado para el himno de España ha llevado a los políticos a posicionarse como si no hubiera un mañana. Demasiado ruido. Si este fuera un país normal, el himno y la bandera no serían objeto de disputas ideológicas, pero no lo es. No somos normales. Seguimos viviendo en el año 36 porque a muchos les sale a cuenta, les renta. Cualquiera pensaría que no, que una guerra y casi medio siglo de dictadura después, la guerra de banderas, que es una imagen del duelo a garrotazos de Goya, debería haber pasado a ser espuma en el mar... Nos gusta hacer de Sara, convertirnos en estatuas de sal, en un país que lleva detenido casi cien años.

Seguimos llorando y tirándonos los muertos en un lodazal en el que se practica el canibalismo. En un país normal, la derecha habría hecho dolor de los pecados. El propósito de enmienda no es necesario porque nadie es responsable de los actos de otros. La biología no hace historia, aunque haya muchos que lo crean. Una comisión de la verdad no habría estado nada mal porque la normalización del crimen no es la mejor manera de pasar página. Es hora de que unos y otros representen la escena final de este drama.

Ya casi no quedan protagonistas, pero tenemos derecho a continuar, a no sentirnos indefensos o avergonzados ante todo lo que la bandera representa, también la guerra, que no se puede olvidar y que también tuvo épica. Ya es hora de que podamos reivindicarla, pero para eso todos deben estar presentes en la escena. Aquí nadie puede hacer mutis. Cada uno debe contar y cargar con su historia, los cuerpos tienen que comenzar a desprenderse del lodo y los derechos de los ciudadanos —y no de los territorios— deben ser garantizados sin complejos. Puede que de esta manera, el himno, la bandera y todos los que estamos debajo de ella —España no es (sólo) Franco, aunque también— puedan conjugarse en pasado perfecto y el dolor dé paso a la nostalgia.