+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

CORNADA DE LOBO

Marita

 

pEDRO TRAPIELLO
23/12/2017

Villafranca se me hace camposanto cada vez más... murió Norberto Beberide y se quedó el sitio sin su pincel caricato y culto... murió Antonio Pereira y sus calles perdieron la palabra de verso limpio que anidaba en La Alameda... y muere ahora Marita Caro y del castillo ya no salen las golondrinas en bando musical al cielo aquel porque la estancia fortaleza perdió las manos temperadas que acariciaban el marfil de las teclas y se acalló la sutileza de su pensar musicado... y ahora, sin pincel ni música ni letra, esas calles me saben a paso solitario en noche cerrada y muda.

Marita se ha ido como un apagón.

¡Cómo no verse a oscuras!... así imagino especialmente en esta noche a su Cristóbal y a sus hijos Alonso, María y Pedro Halffter Caro!... ha enmudecido la melodía base que hacía sonar y resonar esa sinfonía familiar.

Era María Manuela Caro y Carvajal, hija de Mariano Caro y del Arroyo, tercer conde de Peña Ramiro, rama del marquesado de Villafranca que retuvo la titularidad del emblema de la villa, ese castillazo de cinco siglos y medio que ella revivificó habitándolo y soñando siempre restañar las cicatrices brutales que dejaron en su mole los incendios y saqueos de los «amigos» ingleses en la Guerra de Independencia huyendo precipitadamente a Galicia para que después repitieran la misma fechoría los napoleónicos.

Marita era el alma de ese gigante torreado, como lo era en buena medida de la inquietud cultural de Villafranca, ya fuera organizando o alentando conciertos, cursos, conferencias o juntanzas de inteligencias y creadores. Ella y Cristóbal han venido siendo el puente por el que tantas gentes ilustres y anónimos genios cruzaron el Burbia, descubrieron el lugar y ya lo frecuentan.

Su portón, siempre abierto. Su mantel, siempre largo y tendido a la conversación que enriquece. Su discreción y compostura, proverbiales. Y con Cristóbal paquí, con Cristóbal pallá, todo por Cristóbal, incluso amortiguar el brillo propio que tenía como una de las mejores pianistas españolas... y dichosa de amadrinar los éxitos del marido, del hijo... ella era la melodía.

a b

Buscar tiempo en otra localidad

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla