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CORNADA DE LOBO

Más, pero menos

 

PEDRO TRAPIELLO
29/11/2017

Más que ayer, pero menos que mañana es la promesa que se hacen los que piensan que el amor crece, aunque la fórmula parece funcionar mejor justo en lo contrario: en el odio, el abuso, la injusticia, el violentar... así que «hoy se viola más que ayer, pero menos que mañana», apuntó Peláez; y así concluye cualquiera al tanto de las noticias que ultimamente parecen encantadas de multiplicarse plagadas de políticos con su autoridad en el capullo, artistas abusadores, cineastas con taquilla en la bragueta, futbolistas confundiendo nenas con porterías, curas en cueros, cuadrillas verracas... y su interminable y creciente número de víctimas, que son multitud aun siendo pocas las que se atreven a denunciarlo (¿para que las viole además el chismorreo o el asco social?) o a contarlo (nunca será tarde), víctimas que son mujeres principalmente, niñas tantas veces... o niños cuyo trauma roerán toda su vida para sus adentros desordenados.

¿Más que ayer?...

No se sabe, aunque hay quien deduce que antes había más violencia sexual, pero que hoy hay más noticia; antes no transcendía tanto (¿cuántas de las violaciones en el seno familiar salían a la luz y aún hoy quedan en el secreto, la vergüenza o amparadas?), pero hoy se detalla hasta lo escabroso o el detalle innecesario para comprender que, ciertamente, la aberración es intolerable y criminal.

¿Menos que mañana?...

Tenlo por seguro, anotó Octavito: a ello invita la exaltación de la mujer objeto en medios, hábitos, juegos, modas, consumos... sírvase usted, parecen indicarle al tarado... ¿cómo se desactiva tanto incentivo en la mente de unos jóvenes de los que un tercio está convencido de que el machismo, la supremacía masculina, es lo natural?...

Ahí está lo de «La manada» visto para sentencia... ese rito colectivo que creíamos propio de Indias o lejanías y que ya se hace costumbre en el barullo confuso de la fiesta o la turbamulta para que después venga su abogado diciendo que «serán imbéciles, pero son buenos hijos».... ¡buenos hijos de puta!, se rebotó Peláez.

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