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EL BAILE DEL AHORCADO

Máster and Commander

 

Cristina Fanjul
13/04/2018

El problema del máster de Cifuentes es el problema de la universidad española. Y el problema de la universidad española es el problema de España. Y así seguimos. Desde el encarcelamiento de Fray Luis de León no hemos evolucionado demasiado porque, a pesar de todos los buenos que lo han intentado, cuesta demasiado vencer la rutina, la inercia de un pensamiento que considera la individualidad y, por lo tanto, el progreso un anatema. La polémica más próxima al mastergate fueron los sucesos de 1965, unos hechos que terminaron con la expulsión de Aranguren, Tierno y García Calvo de sus cátedras, pero antes de eso la universidad ya había dejado de comportarse como tal. Fueron las llamadas cuestiones universitarias. Hace un año se celebraba el aniversario de uno de los protagonistas de esa gesta, una hazaña cuyos héroes perdieron, como siempre en esta España de envidiosos y mediocres. Se trataba de respetar la autonomía universitaria ¿les suena? Qué gran proeza habría sido para España que Francisco Giner y Gumersindo de Azcárate hubieran logrado implantar la razón en la universidad. Pero no, una vez más todo se fue por el desagüe de la historia y los profesores que habrían podido poner en marcha un nuevo futuro terminaron expulsados. Nada ha cambiado desde entonces y la anécdota del caso Cifuentes es la prueba de que hay un gran iceberg que pone en peligro el desarrollo de la sociedad.

Comprometer la formación superior con la peor de las corrupciones —la del control político de la universidad— ha sido el lastre que ha impedido el desarrollo de España como país por una razón fundamental: el talento no está por la labor de bajar al lodo. Eso sólo lo hacen los gregarios. Así que así, poco a poco, hemos llegado a un sistema en el que todo está construido sobre la prevaricación de la moral. Todo vale si me vale a mí. El resto importa poco porque el bien común es un concepto desasistido en una moral cada vez más adocenada. Hay grandísimos investigadores y profesores en la Universidad. No podría ser de otra manera. Hay que perseverar, porque sin abono no crecen las flores.

   
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