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CORNADA DE LOBO

Memoria sexual

 

GARCÍA TRAPIELLO
11/10/2018

De todo lo que necesariamente abolirá la creciente corriente mundial que exige una dignidad que se ha negado o robado de siempre a la mujer, sólo lamentaré que sean desterrados también los piropos galantes o de lírica inocente, esos que sólo exigen tres cosas: admiración por la belleza, respeto a la persona e ingenio en el dicho... aunque también hay que reconocer que estos piropos inteligentes o lindos llevan ya muchísimo tiempo desterrados o difuntos; incluso alguna «víctima» los tomaría hoy por cursis, como el simple y archisabido «Vete por la sombra, criatura, que los bombones al sol se derriten».

Pero aun entendido el piropo como agresión o invasión irrespetuosa, nunca debería igualarse el exabrupto soez y ofensivo (lo habitual y abominable) con la amable y vieja lírica del «No sabía que las esculturas andaran, galana» o del «Es usted más completa que la Enciclopedia Británica, señorita»... aunque el piropo rey de lo finolis y lo cheli será siempre el «¿Te puedo pedir pa Reyes, muñeca?».

Con estos escasos ejemplos en la recámara alguno podrá decir «piropos blancos no ofenden, señora», pero la mujer a la que se piropea en bruto o hasta con gracia tiene derecho a sentirse importunada o invadida... incluso acosada si decide aplicar el significado penal de acoso que hoy endurece castigos y mañana leyes. Lo exige la sensibilidad y la presión mundial del «MeToo» que ahora despierta y crece aireando lo podrido, lo abusivo o lo criminal que la hipocresía del macho ha ido barriendo bajo la moral de alfombra que tapiza el suelo de tipos honorables, gente distinguida, clérigos venerables o jueces impolutos.

¿Cabe temer entonces que tras el horizonte penal del piropo vayan después al juez la mirada que desnuda, el suspiro intencionado, la lengua que baila?... cabe, en la playa del puritanismo feroz desembarya la corrección caperucita.

Y cuando el furor retroactivo penalice todo viejo delito sexual, ¿a cuántos próceres, reyes, obispos o celebridades habrá que apear de sus honores o del callejero?... la «memoria histórica sexual» va a dar mucho juego.

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