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EL BAILE DEL AHORCADO

Miedo social

 

CRISTINA FANJUL
12/10/2018

Cada vez son más los que se tientan la ropa antes de escribir según qué cosas. No es por miedo a ser encarcelados o despedidos. Ni siquiera por temor a no recibir regalías o una simple palmada en el lomo. No. Es mucho peor. La gente no escribe lo que piensa por miedo a perder amigos, por el temor al rechazo social, al ostracismo, a uno mismo, en suma. A mí me atemoriza lo contrario.

Tengo pavor a mirarme un día en el espejo y no saber quién soy como resultado de camuflar mis ideas, de travestir mis opiniones, mis gustos, mi opción de pensamiento y, por lo tanto, de vida. Y que conste que mi juicio sobre las cosas cambia. Eso también es ser fiel a uno mismo.

A todos les sonará la espiral del silencio. La teoría, formulada por Elisabeth Noelle-Neumann, surgió en los años setenta y defiende que el ruido social, la opinión pública, logra enmudecer a los que piensan de manera minoritaria. Es la autocensura, una tendencia cada vez más arraigada en España. Yo he perdido amigos por defender aquello en lo que creo. He discutido con mis padres por escribir lo que considero correcto. Incluso me he equivocado por argumentar de manera errónea. Y he perdido perdón.

Pero si tienes miedo a escribir lo que ves, engañas, te traicionas a ti mismo y tu mirada se pierde. Si todo lo que haces, si todo lo que dices es una manera de reconciliarte con los que te rodean, somos una mentira.

Es más fácil arrodillarse que permanecer erguido, pero, como el otro día me recordaba un escritor leonés recitando a Borges, sólo una cosa no hay. Es el olvido. La memoria de lo que hacemos, de lo que hemos sido, nos acompañará siempre. Nos seguirá incluso cuando los recuerdos hayan pasado de mano y no sean más que un legado prestado en otras voces.

Tener miedo a lo que los otros puedan llegar a pensar de nosotros es la dictadura perfecta. Vivir a puerta cerrada es más cómodo, pero lo terrible no es que los demás quieran ser nuestro infierno sino que lo seamos nosotros mismos.