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EL BAILE DEL AHORCADO

Morirse

 

CRISTINA FANJUL
09/02/2018

La muerte se convierte de repente en una certeza. No hay una edad concreta, ni un momento; es una emoción mucho más sutil, más difícil de explorar y, por lo tanto, de explicar. Un día te levantas y está frente a ti, como un sapo. A veces no la ves, pero sabes que está ahí, escondida y que en cualquier momento puede saltar. La muerte es la sombra que el final de la infancia te cose a los pies para que nunca olvides que el paso que estás a punto de dar puede ser el último. Los hijos llegan para recordarte que tendrás que dejarles, que mucho antes de que seas consciente, te convertirás en su recuerdo. Lo único que aumenta el vértigo es que sean ellos los que se inmiscuyan en tu memoria antes de que termine tu tiempo.

¿Cómo será esa evocación? A veces, la huella comienza a hacerse presente mucho antes de que alguien muera, como si los rasgos se fueran desdibujando y, entonces, tienes que completar las formas que se difuminan con el lápiz de la imaginación. Recuerdo las manos de mi abuela, como raíces comidas por la artrosis, y su olor, pero su rostro se me escapa. ¿Se olvidarán mis hijos del mío? ¿Recordarán los cuentos que invento para ellos o los abandonarán cuando el río de la vida se los devuelva como fantasmas de las noches perdidas de la infancia?

La muerte no es una posibilidad, aunque haya profetas que inventen algoritmos para cerrarle el paso. No hace falta estar muerto para resucitar, pero tampoco estar muerto para seguir muriendo. La muerte nos lleva a veces aunque el corazón siga adelante. Es lo malo de la vida, que no se para cuando queremos ni regresa cuando sabemos que no hay más remedio que aceptar la última salida que nos brinda. En algún lugar de la Biblia, hay una frase que dice que el fin llegará como un suspiro, no como un terremoto. La luz de la vida nos lleva a pensar que tocarán tambores y trompetas, pero todo será mucho más tranquilo.

Pensad en qué será lo último que veréis, la última palabra que se cruzará en vuestra existencia, el recuerdo con el que os abriréis al silencio, porque para eso, al final, es todo esto.


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