+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

CORNADA DE LOBO

Nada de interés

 

GARCÍA TRAPIELLO
11/02/2018

Que soy un degustador de esquelas se sabe, aunque casi nunca entro en las de prensa local por el yuyu de la cercanía que hiere; prefiero las que salen en papeles lejanos o de la vecindad geográfica (gallegos y asturianos son muy entrañables y primitivos en esto de la cartela fúnebre), aunque siempre será el ABC mi caladero favorito; recuerda lo que decía Cela: «en cada esquela de ese diario se bosqueja una novela»... y es que quien no es conde o general viste perifollo firulí o prosa dorada.

Pero ha sido en La Vanguardia donde salió una el jueves 8 ciertamente original y cuyos ecos retumbaron al instante en la bóveda de las redes celestiales:

«Emilio Miró Paniello: Hijo de Pilar y Emilio. Ha dejado este mundo sin haber aportado nada de interés. Creyente en un Dios que espero que exista. Sus primos y demás familia lo comunican a su amigos y conocidos» (pero qué joputas los primos, pensaron todos) y se publicó también en catalán donde la literalidad cambia algo, amén de eludir lo de Dios y poner la edad, 77, no citada en castellano, pues dice «sense haver modificat gaire el món que l’envoltava» (sin haber modificado mucho el mundo que le rodeaba), resultando así más piadoso. ¿Fue venganza de familia rencorosa?... quiá, lo había dejado escrito el propio finado en su testamento vital; «era un hombre de elevada cultura y sensibilidad», dijo su familia.

Por contra, en ABC salió una el 18 de enero casi blanca, sólo decía: «Antonio Minguito Aparicio: El mejor hombre del mundo. Sus hijos y toda la familia Minguito», nada más; le tenían ley... y días antes, otra que resumía todos los títulos del muerto así: Licenciado en Icade y gran ajedrecista... jaque mate.

Rabiado sí parecía el vallisoletano que hace no mucho publicó en El Norte de Castilla la esquela de su mujer añadiendo bien visible tras la relación de deudos una frase lapidaria: «Los hijos pasan». Tremendo, no se cortó ni un pelo y convirtió en paredón la tapia del cementerio... putos hijos.

La literatura mortuoria es campo de batalla donde se lucen armas más aceradas que las que después trizan familias disputándose la herencia.

Buscar tiempo en otra localidad

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla