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EL BAILE DEL AHORCADO

En naranja

 

Cristina Fanjul
12/01/2018

Ahora que Mañueco ha anunciado calendario preveraniego para las candidaturas, comienzan las prisas, aunque lo realmente importante, como me comenta un amigo, es saber cuáles serán los tiempos. Los tiempos en la política lo son todo y si no que se lo digan a Mariano Rajoy, que ha adoptado el gemeté del Vaticano, que ya saben que el minutero de la Iglesia se mide por las dimensiones de la eternidad.

El caso es que Ciudadanos lo peta. No me extraña. Albert Rivera ha demostrado lo obvio: hace nada era uno más, con lo que habla el lenguaje, maneja los gestos, sabe las necesidades; en una palabra, empatiza con la gente. Conoce lo que queremos e intuye cómo traducirlo en palabras. Parece fácil, pero no lo es. Los hay que creen que todo es inefable, y así les va. A los tiempos. Si las generales llegan antes y los del partido naranja salen reforzados, las municipales y autonómicas serán un paseo. Entonces, ya todo dará igual: Mañueco, Majo, Silván, Gavilanes, Maroto o el de la moto. Ahí seguirán, con sus intrigas y pellizcos de monja, y los de este lado de la A-66, analizando la mejor manera de dar una patada hacia arriba a la gerente, que por lo visto borda el papel de Topaz sin que nadie se atreva a rasgar el telón.

Leo en algún sitio que el desembarco de ‘peperos’ en el partido naranja va a ser más rápido que el que vivió UCD. Sin embargo, al PP y al PSOE les salva aquí lo mismo que nos llevará a la ruina en poco tiempo: la falta de tejido productivo, unas ciudades cada vez más rurales, con un PIB inasumible (ni inversión de las empresas, ni gasto de la administración, ni consumo de los ciudadanos) y atada al cacique.

Tan sólo a través de la muerte se garatizarán unos años más de vida. En esa paradoja está su supervivencia y nuestra desventura. Castilla y León es el salvavidas de los partidos viejunos, tan viejunos que incluso tienen ya sus propias reliquias, a un paso de la desaparición, agonizantes pero aún con ganas de dar caña. Creo que a cuatro se vive mejor que a dos, así que espero que nuestra tendencia histórica cambie, y que cuando despertemos de esta siesta de padrenuestro, pijama y orinal, el dinosaurio ya no esté aquí.