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Las ovejas se comen el asfalto

Un rebaño trashumante atravesó un año más la capital por la invisible Cañada Leonesa Occidental .

 

Las ovejas atravesaron un año más la capital en su camino hacia los puertos de Luna y Babia. RAMIRO -

06/07/2018

ana gaitero | león

Más de 2.000 mil ovejas atravesaron ayer la capital desde Puente Castro a Oteruelo por el rastro invisible de la Cañada Leonesa Occidental. Sin señalizar ni memoria alguna pisaron un año más, guiadas por pastores y mastines, lo que fue esta senda ganadera protegida durante siglos por el poderoso Concejo de la Mesta.

Las ovejas salían del paso subterráneo de Michaisa como si estuvieran comiendo el asfalto, en el lugar que siglos atrás también era camino y prados regados por la presa del Bernesga. Las trashumantes van camino a las majadas de verano en los puertos de Babia y Luna, donde el ganadero Domitilo Fernández da de comer a sus hatajos en la época estival. Es uno de los trasterminantes leoneses que durante el invierno aprovechan los pastos y tierras rastrojeras de las riberas y mantienen su ganadería extensiva con pastos naturales. Hace más de 30 años que el ganadero de Aralla atraviesa la capital leonesa con sus ovejas. En junio para subir a los puertos y en septiembre para regresar a la ribera.

Los últimos trashumantes, a los que este año se sumó un rebaño de 2.000 ovejas procedente de Extremadura que hizo la mayor parte del camino a pie, se encuentran con numerosos obstáculos para realizar la senda milenaria pues los cambios en el uso del territorio y la falta de cumplimiento de las leyes que protegen las cañadas hacen que se pierdan cada vez más.

Además, los ganaderos están obligados a cumplir unas estrictas normas de saneamiento de sus cabañas, con permisos especiales de paso, para poder realizar el camino. Se estima que cerca de 30.000 ovejas pastan el verano en los puertos de montaña leoneses, que tuvieron gran fama desde la Edad Media y dieron lugar a las cañadas que ahora están en peligro.

León cuenta con más 2.000 kilómetros de vías pecuarias entre cañadas reales, cordeles y veredas que están olvidadas o abandonadas. Sólo en algunos pueblos se han señalizado.

El rebaño pasó la noche en San Andrés del Rabanedo y en tres jornadas más alcanzará los puertos de destino. El paso de las ovejas trae por una hora el recuerdo de lo que fue una actividad esencial y el sonido del pasado con la música de las cencerras y los balidos de las ovejas.




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