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El papa anima a dar el pecho en público

Francisco bautiza a 34 niños y niñas en la Capilla Sixtina en una e improvisada homilía dedicada a las familias.

 

Es la quinta vez que el papa Francisco preside una ceremonia del bautismo en su pontificado. OSSERVATORE ROMANO/HANDOUT -

08/01/2018

efe | ciudad del vaticano

«Si comienzan con el concierto es porque tienen calor, no se sienten cómodos o tienen hambre. Si tienen hambre, denles el pecho, sin miedo, denles de comer, también esto es un lenguaje de amor», concedió Francisco, dirigiéndose a las madres que ayer bautizaron a sus hijos en el Vaticano.

El papa Francisco bautizó ayer a 34 niños en la Capilla Sixtina en una ceremonia con motivo de la festividad del Bautismo del Señor y en la que animó a sus padres a transmitirles la fe con el lenguaje del amor, y en la que se escucharon algunos llantos de los pequeños. Es la quinta vez que Jorge Bergoglio preside esta ceremonia de administración del sacramento del bautismo durante su pontificado.

De esta forma, continúa la iniciativa impulsada por el santo Juan Pablo II para recordar el día en el calendario litúrgico en el que Jesús fue bautizado.

«Vuestra tarea es transmitir la fe en el amor de vuestra casa, de la familia», les dijo Francisco a las parejas durante la ceremonia.

El papa pronunció una homilía improvisada, breve, en la que destacó la importancia del amor de la familia y recordó a los progenitores participantes que el bautismo es «el primer paso en su tarea de transmitir la fe».

«La transmisión de la fe solo se puede hacer con el lenguaje de la familia, de papá y mamá, de abuelo y abuela. Después serán los catequistas quienes desarrollarán esta primera transmisión, con ideas y explicaciones», sostuvo.

Una transmisión de fe que será preciso que se inicie en el hogar de cada uno porque «si no se habla entre los padres la lengua del amor, la transmisión no es fácil».

El lenguaje de los padres debe ser el amor, pero también los niños tienen un dialecto propio, con el que se comunican y expresan, destacó el pontífice argentino.

En esta línea, bromeó sobre los llantos que se escucharon en varias ocasiones entre los altos muros de la Capilla Sixtina, bajo los frescos del gran genio Miguel Ángel.

«Ahora todos están callados, pero solo hace falta que uno dé el tono y después la orquesta sigue, es el dialecto de los niños», comentó, sonriendo.

Un lenguaje, valoró, que «hablan como pueden, pero que gusta «a Jesús por su sencillez y autenticidad».

   
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