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EL BAILE DEL AHORCADO

Patanes y valientes

 

Cristina Fanjul
08/08/2017

Estamos en una sociedad en la que se pide respeto a todas las personas e ideas, como si el igualitarismo se hubiera convertido en la nueva piedra filosofal de una doctrina de pensamiento basada en la ausencia del mismo. Hay inamovibles, intocables de la dialéctica. Son más que Dios, porque a Dios sí se le discute, pero junto a ellos pululan conceptos que es mejor dejar tranquilos. Savonarola siempre está alerta. En eso están algunos, a la espera de que nombres determinados becerros de oro a los que tan sólo se puede adorar, arcadias ideológicas que no admiten una crítica, para llevarte a la hoguera. Digo todo esto porque mi columna sobre el callejero publicada el pasado viernes me sirvió para comprobar de nuevo una cosa y su contraria. La primera me llegó de un tuitero. Me reprochaba mi equidistancia a propósito sobre Durruti: «Luchaba por la República y su sistema democrático, y otros en favor de una dictadura. Equidistancia, sí». También me hablaba de soviéticos y nazis como si fueran figuras no ya contrapuestas sino paralelas en la Segunda Guerra Mundial. Todo muy simple, de barricada de andar por casa. En la guerra hubo gente, gentuza, héroes, villanos, aprovechados, cobardes, gusanos… pero vaya, que en la misma medida que en cualquier oficina actual. Lo peor de la guerra es que no hemos aprendido de la guerra, que, de repetirse, sería igual. Por eso, que el nieto de Ángel Suárez Ema escriba como lo hizo el pasado domingo te reconcilia con las posibilidades de este país. No haré de esta columna un modo de fustigarme. Todos cometemos errores. Algunas veces, muy graves. Pero lo heroico no es pedir perdón. Lo heroico, lo épico en esta época de simplezas es aceptar las disculpas incluso antes de que estas lleguen y demostrar con ello que todo puede ser distinto. Eso fue lo que hizo el domingo el nieto de un hombre que nunca debería haber sido incluido en el artículo. Ángel, gracias, otra vez, por recordarme lo que ya sabía y que una falta de atención pareció borrar: La guerra civil no fue una lucha de ángeles y demonios. Fue una historia épica y en cada rincón, en cada frente, en cada casa y en cada postura ideológica hubo patanes y valientes. La casta de los tuyos no ha desmerecido un ápice.