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La reina Hatshepsut muestra sus secretos

Egipto inaugura las estancias de la faraona más misteriosa después de medio siglo de restauración.

 

Imagen de una de las estanacias que se acaba de abrir al público en el majestuoso santuario de Amún Ra. KHALED ELFIQ -

11/12/2017

manuel pérez bella | el cairo

El majestuoso santuario de Amún Ra, el lugar más sagrado del templo construido por la legendaria faraona Hatshepsut hace 3.500 años en Tebas, la capital del antiguo Egipto, ha abierto sus puertas al público por primera vez después de un proceso de restauración que se ha alargado medio siglo. Las cuatro cámaras del pequeño santuario, profusamente decoradas, pero en desigual estado de conservación, fueron inauguradas por el ministro egipcio de Antigüedades, Jaled al Anani. Desde ayer, el público que acude a la zona de Deir el Bahari, en la orilla occidental del Nilo, no se encuentra la cuerda que siempre ha vedado el acceso a ese santuario, excavado en el granito, en la imponente pared de la montaña en la que se erige el Templo de Millones de Años de Hatshepsut y al que se accede después de subir la rampa que comunica las tres terrazas del complejo monumental.

Los turistas, sin embargo, no tendrán acceso a las últimas cámaras del recinto sagrado, para evitar posibles daños a los pigmentos y al pan de oro que todavía hoy recubre algunos relieves, según advirtió el ministro Al Anani en la ceremonia de inauguración, celebrada con la pompa de las grandes ocasiones.

El santuario está dividido en un pórtico de la época ptolomea (grecorromana), un vestíbulo y la llamada sala de estatuas, que consta a su vez de dos capillas que se comunican entre sí y dos pequeñas salas laterales poco mayores que una hornacina. Hatshepsut ordenó el inicio de la construcción del santuario poco después de autocoronarse reina de Egipto, en torno al año 1473 a.C., tomando el poder que le correspondía a su sobrino e hijastro y a la postre sucesor, Tutmosis III. La primera estancia, la mayor y más magnífica del complejo, tiene un techo abovedado en el que todavía se pueden apreciar la pintura y los relieves que imitan un cielo estrellado, y tres pequeños nichos en cada muro. En este lugar se celebraba un momento importante del ritual dedicado al dios sol, la colocación en un pedestal de la barca de Amón Ra, que previamente había sido traída a hombros de los sacerdotes en procesión desde el Templo de Karnak, en la otra orilla del Nilo.

Los pasos de ese ritual y una imagen de la barca de Amón Ra aparecen retratados en los relieves de las paredes del vestíbulo, donde también se pueden ver las únicas imágenes de la familia real.

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