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Santiago reestrena su Pórtico

La berciana Olga Gago participó en la recuperación de la policromía de la obra encargada por Fernando II de León.

 

La reina Sofía inaugurará el lunes el Pórtico de la Gloria, que el rey leonés Alfonso IX estrenó en 1211. XOÁN REY -

29/06/2018

j. luis álvarez | madrid

El Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, la genial obra del maestro Mateo, reabrirá sus puertas a finales de julio con motivo de la festividad del apóstol para recibir a los peregrinos que recorren la Ruta Jacobea. Y lo hará con los colores que ha lucido desde el medievo. Durante casi diez años estuvo lleno de andamios, desde los que los restauradores trabajaron 50.000 horas para devolver el esplendor a esta joya, operación que tuvo un coste de 6,2 millones de euros desembolsados por la Fundación Barrié.

Seguro que el maestro Mateo no se podía imaginar semejante despliegue cuando en 1168 recibió el encargo del rey de Fernando II de León para levantar un pórtico para el recinto catedralicio. Veinte años después, el 1 de abril de 1188, fue concluida la obra y en 1211 se consagró el templo. Fue el rey Alfonso IX el primero en cruzarlo. En la restauración también hay marca del viejo reino: La bembibrense Olga Gago ha formado parte del equipo de restauradores.

El Pórtico románico es mucho más rico del que en un principio salió de los cinceles del maestro Mateo y sus colaboradores. Durante la restauración se han descubierto tres tipos de policromías distintas. La primera fue aplicada durante el medievo, la segunda llegó en la reforma realizada en el siglo XVI y la tercera, cuyos tonos eran los más apreciables antes de los trabajos de recuperación, se incluyó en el siglo XVII. Pero la mayor sorpresa de los restauradores es que todavía quedaban restos intactos de todas las policromías.

Han pasado 800 años desde la inauguración del templo. Desde entonces, millones de peregrinos, primero, y turistas, después, han convertido el Pórtico de la Gloria en la meta a un largo viaje, iniciático para unos, religioso para otros y cultural para todos. El paso de estos peregrinos, muchos con velas, el clima húmedo de Galicia y la contaminación atmosférica dieron al Pórtico el tono grisáceo que presentaba en 2009. Para recuperar el colorido fue necesario retirar toda la capa de suciedad que cubría a las figuras —hasta la última grieta—, los restos de humo, sales procedentes de la descomposición de la piedra o restos orgánicos de las aves e insectos. Se asentaron más de 200 esculturas, las piedras y rellenar los huecos que la erosión había dejado, junto a productos conservantes.