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El baile del ahorcado

Sí, se puede ser padre por deseo

 

Cristina Fanjul
04/09/2018

Más de treinta familias españolas están ‘secuestradas’ con sus hijos en Ucrania en una situación inédita en la democracia. Son bebés españoles a los que se niega la entrada en España. Paradójico. O no. Todo depende del lado ideológico que ocupes. Ley mediante, no debería ser así, pero la ideología es un vicio cuyo único antídoto es la razón y parece que regresamos a tiempos en los que el estómago o, mejor, las tripas, eran las que digerían los destinos de Europa.

Es así con la gestación subrogada, que se ha convertido en una cuestión personal para el Gobierno. Lo dijo la vicepresidenta en una de sus primeras intervenciones públicas en el Congreso: «Entiendo que haya hombres y mujeres que tengan el deseo de la paternidad y la maternidad, pero el deseo no es el derecho». ¡Qué frase tan atribulada! El deseo no es el derecho. No debería serlo, pero estamos en una sociedad infantilizada en la que, sí, el deseo es siempre el derecho. Se legisla a golpe de querencia: la de ocupar el poder. Hay tantos ejemplos que utilizar este parece cuanto menos una decisión movida por algo tan vicésimo como la ideología. Los niños tienen prioridad, siempre, aunque el Gobierno trate ahora de hacer rehenes de su ideología y su parroquia de votantes a 30 recién nacidos.

La hemiplejia del sectarismo que lleva al Gobierno a negar la gestación subrogada le ha llevado a seguir los pasos de Donald Trump y separar a los padres de sus hijos. La decisión es, cuanto menos, una imbecilidad, pero si ponemos en marcha un mecanismo de pensamiento basado en la legislación de la bondad, resulta inmoral. Con todos los cambios de criterio que Pedro Sánchez ha emprendido no estaría de más que se aprobara a sí mismo una enésima enmienda y sancionara una ley que permitiera desarrollar la vocación de la paternidad.

Todo el mundo tiene derecho a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Negar eso es negar la esencia de la humanidad, que es a lo que lleva siempre cualquier ideología. Seguimos en el siglo XX.

   
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