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EL BAILE DEL AHORCADO

Sin tripular

 

Cristina Fanjul
10/11/2017

A nadie se le escapa algo fundamental. El ministro de Fomento es el anterior alcalde de Santander. Puede que incluso ejerza como presidente de Cantabria a la vista de la actividad tuitera del comentarista Revilla, que demuestra más interés por la operación Lezo que por su comunidad. Nos enteramos por Abigail Calvo de que Cantabria adelanta a Léon por la derecha en la industria del transporte autónomo. Y, como siempre ocurre con la información, es la que no está la que nos muestra la realidad. Son los vacíos los que explican lo que pasa con Auvsi, lo mismo que con todo lo demás porque, a pesar de las promesas, todo nos muestra un camino en el que la reconversión de la provincia es un decorado de cartón. ¿Recuerdan a Marinetti? Más allá de su lógica fascistoide y sus argumentos bélicos, los futuristas acertaron con una realidad que en el futuro se ha hecho real. Asimilaban el patrimonio italiano con la paz de los cementerios, que es lo que pasa con León. Y es que, a pesar de todo, siempre hay una voluntad que falla, una orden que no se da, o que se da para perjudicarnos. Así que tenemos la sede de Auvsi en la universidad, que también acoge el Riasc, el Varp, los grupos de robótica, tenemos el Incibe, la primera unidad militar de drones… Y, a pesar de todo, nada es suficiente.

Parece intencionado que con la cantidad de talento que hay no se logre estar a la vanguardia del proyecto, aunque también puede que todo sea parte de la inercia de la nada, esa por la que se ha ‘montado’ a León durante los últimos cuarenta años. Nada significa justamente eso, nada. Aquí no hay matices. El otro día discutíamos acerca del sueldo de los políticos y yo defendía su correspondencia con el PIB del lugar que gestionan. Así que, calculen cuánto puede recibir el gerente de una empresa (León, Castilla y León, la Universidad...) en la que no hay consumo, ni inversión, ni gasto. Leía ayer que España no se rompe por Cataluña sino por la diferencia salarial entre las regiones. Aquí vamos camino de la perfección: 600 euros, una cifra muy sexi ¿no creen? Sólo les falta ponernos a todos el mandil, ahora que somos capital gastronómica.

   
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