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CORNADA DE LOBO

Toristas, paredón

 

GARCÍA TRAPIELLO
09/07/2018

Quieto parao, que el Absurdo tiene sillón en los plenos, algo que se sabía, pero sin llegar al grado del alcalde pamplonés que propone «encierros, sí; corridas, no», quizá por sonarle mal lo de «corridas» y aplicarle el antisexismo oficial que últimamente se pregona en San Fermín para hacerse su foto o postura todo colectivo con gana de emitir comunicado o vender cuantísimas camisetas.

El purista animalista se hace dueño de la pista (si va de boxeador, golpea que es un primor, viva el colacao) y le parece una tortura la lidia taurina, pero no el acoso y estrés alocado que sufre la manada de morlacos y cabestros que cientos de mozos llevan a la puta carrera Estafeta abajo escoñándolos contra las talanqueras al doblar por Mercaderes. En la vasquizada Navarra el progre nacionalista, también en el centro de la pista, se hace animalista para oponerse a las corridas -«intolerable colonización españolista»-, pero se le pasa la sensibilidad animalista al defender «sus» encierros como seña cultural propia y aportación original a la cultura de la tauromaquia como si allí hubieran inventado esas carreras, cuando todo el mundo sabe que los encierros más antiguos de España son los de la segoviana Cuéllar.

Idéntica contradicción afea y desnuda el culo al animalista nacionalista catalán que prohibe toros españolistas y cierra plazas, pero ensalza sus «bous al carrer» por ser «cultura propia, seña nacional» sin dejar de ser otra salvaje tortura animal según el agudo criterio internacional del animalismo andante, galopante, moliente o rampante.

El nacionalismo animalista tiene estas gracias... y risueños patriotas.

Dice Savater que si Pamplona prohibe las corridas donde muere el toro «encerrado» a la mañana, con una sola manada bastaría para todos los encierros -¡gran ahorro!-, incluso valdrían para el año siguente, ya resabiaos y elevando su peligro de ir matando a toristas y turistas a falta de paredón, aunque la idea de Gistau es la genial: cambiar en los encierros los toros por los viejos «grises» de Franco para correr ante ellos en un revival del antifranquismo autóctono. Lo petaría.

   
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