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CORNADA DE LOBO

Tristitia

 

GARCÍA TRAPIELLO
04/07/2018

Tristeza nacional (y choteo nacionalista) le diagnostican a España tras su gatillazo en el gran polvo estelar que se prometió por su fútbol con estrella en el escudo estrellada contra sí misma. Han pasado tres días de la derrota ante los malditos rusos y este país no lo supera ni abandona el muro de lamentaciones que va de la tele-tertulia a la barra y del Marca a la jarca. Son lamentaciones raras, no hay lágrimas, sino furias, maldiciones, horcas y cagamentos: ¡rápido, rápido, hay que hacer sacrificios a los Dioses del Patadón!... y sacarle el corazón al presidente de la federación en lo alto de la pirámide de las ilusiones.

El fútbol es religión triunfante porque todo el mundo puede ser teólogo, cardenal seleccionador e inapelable juez de la línea canónica. Normal que cualquiera pueda hablarte ex-cathedra siendo sólo monaguillo. E insufrible el aguacero de sentencias que nos han jarreado estos días convirtiendo en tortura nacional ese hurgar la herida. ¿Se olvidó que esto es un juego donde suelen mandar los jugones, pero de vez en cuando también las potras?...

Para el Oráculo de Pedrún, que nunca ve fútbol si no está solo («vicio solitario de grada onanista» lo llama), la culpa de la derrota española la tuvo Camacho, cagasentencias de lo obvio y heraldo de lo gafe, y ese otro exaltado locutor patriotista que comandaba la retransmisión invitando a la fatalidad. Dice que también fue algo gafe que el popular Manolo se pusiera a soplar una flauta a falta de bombo, inútil tirulí a la oreja que enojó al dios del ruido y del aturdimiento instalado en las gradas rusas para devorar la muda presencia de la poca peña rojigualda. Y nos dijo también el Oráculo que a este final triste le ayudó el escaso fervor popular que ya no sacó al balcón las banderas como antes barruntando desinfle o segundas partes y ahorrándose aquel estúpido subidón con que decíamos «Soy español, ¿a qué quieres que te gane?».

Al dejarle nos dijo «peor que la tristitia post coitum es la tristitia sine coitum... y si queréis curar esa tristura nacional, más valen píldoras de humor que recetas de rabia».