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CORNADA DE LOBO

Y ya juntos

 

GARCÍA TRAPIELLO
24/02/2018

Murió Lices, la briosa y menuda gran Lices, a quien ayer recibió la tierra de su tierra en Puebla de Lillo, su cuna con Cofiñal y su fe de vida, drama y grandeza por haberse enamorado allí de Gorete cuando su nombre era un mito secreto a voces, un huído y perseguido por los civiles, un íntegro en sus ideales que honró la ética política no rindiendo el pabellón republicano ni reconociendo al estado franquista, por lo que se guareció en solitario nueve años por aquellas peñas furacadas a la espera de que las naciones que vencían al nazismo en Europa echaran al fin de España a Franco, el último forúnculo del continente... eso fue lo que pensó que sería lo lógico e inevitable y en ello confiaba cuando en 1945 leyó el final de la II Guerra Mundial en los periódicos del «Arriba» (la voz de Franco, no había otro) que Lices le dejaba con una hogaza y algo de comer (si lo había) escondidos en una convenida curva de la carretera donde al amparo de la noche bajaría a recogerlo.

Después vino el entregarse y su breve paso por la cárcel (ningún delito de sangre le había manchado en la guerra ni en el posterior operativo del maquis al que no se sumó). Gorete abandonó su exilio interior montaraz y heroico y Lices ya lo tendría siempre a su lado sin que se le fugaran peñas arriba los amores angustiados por un posible lance fatal o el temor cierto a despeñarse en escaramuzas. Pero al fin respiró, aunque tragando saliva porque aún quedaban otros calvarios, la marca de Caín que se imponía al represaliado y el tener que inventarse una vida en la ciudad desde la nada, desposeidos de bienes y en la pobreza absoluta... pero ella sería el brío y la voluntad, mujer de hebra y mujer de lunas velando noches. Lo lograron a base de mucho trabajo, penalidades, honradez por divisa y con el aliento de esperanza y lucha que iban trayendo los hijos al nacer: Goretín, José, Rolando y Eleonora, a quienes educaron en el rigor y la integridad, así que no es difícil imaginar el vacío gigante que ahora miden. Pero tranquila, Lices, nada temas, la tierra te será leve en tu paz tan ganada, ya Gorete está junto a ti.


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