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Cosas de aquí | Ya se queda la sierra triste y oscura

Ya se van los pastores a la Extremadura...

Pastor desde los ocho años, Bonifacio Álvarez firma el libro «Memorias de un pastor trashumante», que el Diario entrega mañana dentro de su Biblioteca Leonesa de las Tradiciones

 

E. Gancedo - león
E. Gancedo 25/04/2008

Fue una gran odisea. Desde las montañas de León hasta las dehesas extremeñas, un flujo ininterrumpido de corderos, mastines, careas, ovejas machorras, pastores con la cara y las manos surcadas de Cañadas Reales, vidas de chozos y cuernas, migas, sopas, perfecto conocimiento del terreno y del animal; hombres y ovejas enhebrando el roble con la encina. Mañana llega la quinta entrega de la Biblioteca Leonesa de Tradiciones, 25 volúmenes con las cosas más nuestras que se ofrecen, todos los sábados, al precio simbólico de 1,80 euros: el libro de mañana es Memoria de la trashumancia , que recoge las experiencias, vivencias y avatares del veterano pastor Bonifacio Álvarez acompañado de dibujos, planos, mapas, croquis e imágenes históricas que ilustran aquella sacrificada vida al aire libre, herencia de cientos, miles de generaciones. Bonifacio Álvarez nació en Remolina, cerca de Riaño, en 1918. A los ocho años ya ejercía de motril en los puertos de Acebedo, Argovejo y Riaño; a los doce, ya como zagal, viaja hasta la lejana dehesa extremeña de La Sevillana, en un periplo trashumante que repetirá, año tras año, hasta que se lo impida el estallido de la Guerra Civil. Terminada la contienda, ingresa en la Guardia Civil, del que se retira con el grado de teniente. Posteriormente se integra en el Servicio Hidrológico Forestal, el futuro Icona. Las páginas que integran el libro que se ofrece mañana, rebosantes de vida, de naturaleza, de penares, pero también de una cultura secular extraordinaria, «restituyen un pedazo de memoria, y levantan acta de la formidable epopeya de una estirpe que hemos ido arrinconando en el olvido», explican desde la editorial Edilesa. «Aquí se habla de aquellos hombres que llevaban y traían los ganados, de su cultura, de su patrimonio folclórico, de las técnicas desarrolladas para enfrentarse a una climatología hostil, un esfuerzo que hoy se nos antoja sobrehumano».