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LA ENTREVISTA

Alberto Cortez actúa por primera vez en León: «Voy de negro por fuera pero por dentro canto de blanco»

 

Cortez canta mañana en el Auditorio Ciudad de León a partir de las 20.00 horas. ELIZABET RUIZ -

14/01/2017

PACHO RODRÍGUEZ | LEÓN

Alberto García Gallo estrena en León Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Pero es Alberto Cortez. Y es lo difícil: un cantor con voz propia. Más aún cuando lo suyo con la música va para largo. Podría haber sido otra cosa: un ourensano de Punxín, lugar en el que nacieron su abuelo y su padre. Pero a él lo parieron en Rancul, La Pampa, el 11 de marzo de 1940. Al más puro estilo argentino: por origen, mitad español, mitad italiano. Tiene tantos discos que dice que los recuerda gracias a Internet. Aunque sus éxitos los tiene tan presentes porque cree que hay que cantar lo que el público demanda. Y hablando de ‘hits’: Castillos en el aire, En un rincón del alma, Cuando un amigo se va, Mi árbol y yo, A partir de mañana, Te llegará una rosa cada día... Ahí es nada. De todo eso habrá mañana a las 8 de la tarde en el Auditorio Ciudad de León. Y su voz rotunda, su discurso de hombre serio y sensible, su respeto al escenario y su complicidad con el público. Sin éste, viene a decir, nada tiene sentido.

—Coinciden cosas bonitas en este concierto en León... Y con su flamante Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. ¿Se siente algo especial o gana la experiencia de años?

—León es la única capital de este bendito país que todavía no he pisado. Voy a dejar de ser virgen de León. La gente que me trae es de aquí y siempre pasé cerca, pero pasé de costado. Siempre hay expectativas cuando llegas a un sitio que es nuevo para uno. Una de ellas es que sea un público sensible. Porque el principio es el respeto mutuo. No puedo dar una palabra sin respeto. Pero todo eso sólo se puede dar a través del público. El público es el que da el aplauso y te dice: qué bien, cómo me ha gustado, y otras: pues hoy no le voy a aplaudir tanto.

—¿Siendo Medalla de Oro cantará mejor?

—Lo que si será León es el primer escenario desde que la tengo en mis manos. La recogí este miércoles, porque a San Sebastián, el día que la daban (5 de diciembre de 2016) no pude asistir. La estrenaré en León.

—Tiene tantos discos que habrá perdido la cuenta. ¿Es de los que cada poco hace inventario creativo?

—Si no fuera por Internet, que es quien hace presentes los discos, no sabría. Miras y dices: ¡Uy! ¿Pero todo esto lo hice yo?

—De lo que no habrá perdido la cuenta es de sus grandes canciones, que el público demanda una y otra vez. ¿Cómo se arma un repertorio con tanto bagaje musical?

—Hacer un repertorio para un concierto es un quebradero de cabeza. Las canciones famosas lo son gracias al público y a los periodistas, que sois los que le van dando dimensión. Yo siempre canto las canciones que la gente quiere escuchar. Para estrenar las nuevas hay otros medios. Soy de los que pienso que la gente hizo populares las canciones con su aplauso.

—¿Le sigue emocionando actuar, cantar?

—El otro día asistí a un concierto maravilloso. De José Domínguez El Cabrero, en el Auditorio Nacional, en Madrid. Y me hizo cantar una de mis canciones más difíciles, un soneto de Borges. Yo creí que me moría de emoción. Y de emoción por verle a él cantar como canta. Pasó algo que no pasa tanto ahora con la música moderna, en la que hay hasta problemas de afinación.

—Lleva en España cincuenta años. ¿Por qué no se volvió a Argentina?

—Soy tan español como tú. No me crié en España pero sí en un ambiente hispano. Mi padre nació aquí, mi abuelo, también. En Punxín, Ourense, donde nacieron, tengo una calle, lo que me parece un homenaje grandioso.

—¿Qué recuerda de cuando empezaba, cuando tenía 20 años o por ahí?

—Con 20 años hacía la música lo más ligera posible. Para tener un descapotable y una señora estupenda en la cama. Pero, de repente, piensas: si este país es el que es, es mejor no decir y cantar tonterías en las canciones. Habrá que leer y estudiar. Aprender. Y así me fui modificando. Incluso, mirar a otros idiomas. De Jacques Brel para abajo, admiro toda la música francesa, por ejemplo. Y nuestro idioma, como una herencia a respetar y cuidar.

—Como cantor viajero, ¿es cierto que el público de Latinoamérica es mucho más cálido?

—Un poco más. Pero es similar. Te muestran mucho afecto en países como Argentina, México, Chile, Ecuador, Colombia... Pero nos unen dos cosas fundamentales: el idioma y la religión.

—¿Comparte señas de identidad con artistas coetáneos o va por libre?

—Admiro y conecto con Serrat, Sabina... Son gente que ha establecido nuevos parámetros en la música española. Que la han renovado y establecido una forma de hacer música. Yo estaría por ahí en conexión con ellos.

—Hace 45 años de su disco ‘No soy de aquí, ni soy de allá’. Eso es un hito, ¿no?

—45 años... Canté cuatro años con Facundo Cabral (fue asesinado en Guatemala, exactamente el 9 de julio de 2011). Luego me lo mataron. Hicimos decenas de conciertos seguidos en teatros... Grandes amigos.

—¿Lleva algún objeto imperdible cuando va de gira?

—No. El móvil. Lo que sí llevo es la misma pasión y el mismo respeto por el oficio. Tengo que dar lo mejor de mí, porque probablemente algo de lo peor también se da aunque no se quiera.

—Y de negro... ¿Se lo recomendó Edith Piaf?

—Visto de negro por fuera pero al escenario salgo de blanco por dentro. Saco dentro de poco un libro y cuento aquel encuentro con Edith Piaf.

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