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| Crítica |Arte |

Alegorías a la vida y a la muerte

José Luis Casas presenta su «Réquiem» en el Patiu del Palaciu Don Gutierre

 

El artista José Luis Casa junto a su colosal escultura - CUEVAS

Marcelino CuevasMarcelino Cuevas 23/03/2009

león

En el patio del Palacio de Don Gutierre, en el patiu de Abel Pardo, que Escanciano se encarga de administrar, continúa la presentación, uno a uno, de todos los escultores leoneses o, al menos, de los más importantes. Uriarte, Cuenllas, Juárez & Palmero-¦ y ahora el más vigoroso de todos ellos, José Luis Casas, que presenta dos colosales obras escultóricas basadas y creadas a partir de elementos tan naturales como pueden ser dos inmensos tocones de árboles caídos. En una de las esculturas, precisamente la que ocupa el espacio expositivo del patio, el monstruo vegetal que Casas encontró en el campo completamente quemado, aparece suspendido en una estructura metálica. Y el segundo, de no menor tamaño, y que se encuentra en el interior, convive con unos rústicos tablones.Ambas obras pertenecen a una serie que aún está en proceso de creación y sobre la que el artista comenta: «Las he titulado Réquiem, que aunque inicialmente es una oración para los difuntos, yo lo interpreto como el camino por el que transcurre la vida y que comienza en las raíces y termina en ellas. Por eso he querido revivir con estas raíces el transcurrir vital. Lo muestro en la etapa final, las raíces ya están quemadas, consumidas por el transcurrir del tiempo».

Los restos de madera, que han quedado tal y como el artista los encontró, simplemente con un barniz para su conservación, y con un hueco rectangular en su estructura que los humaniza. «Son restos que he encontrado abandonados y que nos llevan a indagar en la memoria, en los recuerdos colectivos. Estas estructuras nos recuerdan el árbol que en su día fueron».

Casas juega con los contenedores de estas almas muertas. En el primero el tocón incinerado está aún secuestrado en las paredes de un tosco ataúd, acaba de perder el fluido que le unía a la viuda. El segundo aparece ya en un estadio posterior, ingrávido, como intentando remontar el vuelo, trasladarse hacia lo eterno. Las dos obras nos presentan un José Luis Casas vigoroso, enfrentado con suficiencia a materiales muy potentes que ha recuperado de la naturaleza y que ha sabido domeñar paran convertirlos en un intenso mensaje. El artista demuestra en esta exposición que actualmente se encuentra en un momento muy interesante de su carrera.

   
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