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Un anglosajón prueba que en León y no en Inglaterra nació la democracia

El historiador John Keane publica el gran libro «Vida y muerte de la democracia»

 

La crítica británica ha recibido con elogios la obra de Keane. -

| londres| londres 19/06/2009

La democracia parlamentaria no nació en Inglaterra, como creen todavía muchos erróneamente, sino en el ibérico Reino de León, en medio del fragor de la Reconquista, según establece el historiador australiano John Keane en su monumental libro Vida y muerte de la Democracia (Simon & Schuster).

Es un reconocimiento oportuno cuando León se dispone a celebrar por todo lo alto, el próximo año, los 1.100 años de la fundación del reino, recuerda el escritor leonés Juan Pedro Aparicio, que asumirá el papel de comisario para esas celebraciones tras dejar su puesto de director en el Instituto Cervantes de Londres. «La democracia parlamentaria nace en León y desde allí se exporta a toda España y al resto de Europa y al mundo. Nunca se había anunciado antes de manera tan clara como en el libro de Keane», afirma Aparicio, que respira evidente satisfacción por las menciones de ese hecho en las elogiosas reseñas del libro que estos días se han publicado en la prensa británica.

«Es un hito en la celebración del milenario y habrá que prestarle la atención debida», señala el escritor, según el cual la creación de las primeras Cortes leonesas, en 1188, se han venido estudiando «aisladas del contexto más general» del desarrollo de la democracia en Europa. Contrariamente a ciertos chovinistas relatos británicos, que presumen con arrogancia de que «las instituciones parlamentarias son el mayor regalo del pueblo inglés a la civilización mundial, los parlamentos fueron un invento de lo que es hoy el norte de España», escribe el historiador John Keane.

«Ese invento se produjo más de un milenio después de los experimentos griegos con el autogobierno y se anticipó en seiscientos años a la llegada de la democracia representativa tal y como iba a entenderse, por ejemplo, durante la Revolución francesa», agrega el profesor de política de la Universidad de Westminster, de la de Berlín y del Wissenshaftszentrum, y fundador del Centro para el Estudio de la Democracia.

Escribe Keane que, «con cierta exageración, podría decirse que los musulmanes fueron los responsables de que surgieran los parlamentos, ya que éstos nacieron de las luchas por el poder entre cristianos empeñados en la conquista militar de las tierras del Islam desde España hasta Constantinopla».

El gran Alfonso IX. Keane dedica varias páginas de su voluminosa obra a explicar cómo el rey Alfonso IX de León (1188-230) se convirtió en un importante actor político de la Reconquista y cómo tuvo que buscar la solidaridad no sólo de la Iglesia y los nobles, sino también de los representantes de las ciudades de su reino, los llamados «hombres buenos», para hacer frente a la amenaza musulmana. El Rey prometió que consultaría y aceptaría el consejo de los obispos, de los nobles y de esos hombres buenos en asuntos tales como la paz, la guerra y los tratados con otras naciones.