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LEÓN ■ PATRIMONIO

Cañizal quiere seguir tañendo

Sólo una semana después de que el Diario alertase del estado terminal de la iglesia de este pequeño pueblo del municipio de Gradefes, una cuadrilla de operarios se afana por reparar el tejado y el atrio del templo, ambos semiderruidos. Detrás está un convenio entre la Diócesis y la Diputación. «No superaba otro invierno», asegura el arquitecto técnico

 

Vistas del exteriorr de la iglesia de Cañizal, esta semana, durante los trabajos de reparación urgente. JESÚS F. SALVADORES -

Cañizal quiere seguir tañendo -

E. GANCEDO | LEÓN
11/03/2018

El grado de sorpresa que asaltó a José Manuel López Llamazares al entrar, ese día, en la aldea de la que es pedáneo sólo puede entenderse plenamente si se tiene en cuenta que es el único vecino vinculado al pueblo durante todo el año y que por geografía, tamaño y situación en la red viaria, apenas circula coche alguno por su calle. Hace una semana, López Llamazares se encontró en Cañizal de Rueda con un insólito aumento de la población: un trajín de operarios, hormigonera y andamiajes en torno a la muy arruinada iglesia de la población. No hacía ni ocho días que Diario de León alertaba en estas mismas páginas de la situación terminal del templo, con un gran boquete en el tejado, un atrio semiderrumbado y un interior de retablo desmantelado y tallas varadas entre los escombros. Tanto era el desastre que el propio José Manuel López —quien ha venido denunciado repetidamente el estado del edificio—, hubo de ‘acoger’ una de las campanas, precipitada al suelo hace dos veranos, en su propia casa.

Desde el Obispado legionense se aseguró que la pretensión de reparar la iglesia venía de atrás, y que hace dos meses diseñaron una actuación que en estos momentos se ha podido materializar. Gracias a un aporte enmarcado en el convenio Diputación-Diócesis, cercano a los 9.000 euros, las obras han pasado de proyecto a realidad. «Lo que hacemos es, ante todo, evitar que se caiga. Y hemos llegado a tiempo, porque estaba muy mal, no superaba otro invierno», explicó el arquitecto encargado de la obra, José Manuel Lorenzana. «Estamos cambiando la cubierta, reponiendo toda la madera, también la parte del presbiterio, y el porche, claro, se va a rehacer entero, porque una parte estaba ya en el suelo», prosiguió un profesional que colabora desde hace muchos años con el Obispado en restauración de bienes inmuebles y quien confirmó que el tema de Cañizal llevaba encima de la mesa desde hace tiempo. «El primer informe data del año 2004, fíjate», ejemplificó. También se está procediendo a la limpieza y desescombro de la nave, así como a la reparación de grietas y fisuras, aunque el retablo y otros espacios del interior tendrán que esperar a otra fase.

«Aunque no podemos olvidar que lleva décadas cerrada y que en la Diócesis hay muchas otras prioridades, lo que no podemos hacer es dejar que una iglesia se venga abajo; la iglesia es el referente, sin ella ya no hay pueblo», argumentó Lorenzana, e informó de que los trabajos terminarán, aproximadamente, en un mes. ¿Y la campana ‘adoptada’ por el pedáneo y único habitante permanente, que se ha erigido en símbolo de Cañizal? «Pues aún no lo hemos pensado, pero habrá que aprovechar para reinstalarla, claro», responde.

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