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PATRIMONIO DESCONOCIDO

La capilla secreta de la Catedral abrirá tras una mudanza

El traslado del Taller de Vidrieras a Dámaso Merino permitirá despejar el mausoleo del Conde Rebolledo, ahora usado de trastero

 

El edificio que durante muchos años albergó el programa ‘Espabila’ acogerá en unos meses el Taller de Vidrieras de la Catedral. RAMIRO -

20/01/2017

verónica viñas | león

La capilla del Conde Rebolledo, una de las estancias más secretas de la Catedral, abrirá sus puertas tras un ‘desahucio’. Una suerte de casualidades permitirán mostrar el inaccesible mausoleo de noble leonés Bernardino de Rebolledo y Villamizar, que reposa en el templo gótico desde 1677, tras haber fallecido de gota un año antes.

El Museo de la Semana Santa obligará al Taller de Vidrieras, instalado desde hace años en un ala del Seminario Mayor, a trasladarse. Su nueva sede será el edificio de Dámaso Merino usado por la Concejalía de Juventud para el programa de ocio Espabila. El inmueble, propiedad del Cabildo, está ya en obras con el fin de albergar no sólo a los trabajadores encargados de rehabilitar los vitrales, sino que permitirá almacenar objetos diseminados por la Catedral, como los que se apilan en la citada capilla y que impiden mostrarla al público.

Tras una gruesa reja que impide atisbar desde el claustro el espectacular sepulcro del Conde Rebolledo, la estancia ha ido haciendo hueco a muchos pequeños tesoros. Lleva décadas convertida en un trastero de lujo. Nadie sabe exactamente desde cuándo. La esfera del penúltimo reloj de la fachada principal de la Catedral, de 1788, que un anticuario vendía en Internet por 15.000 euros, lápidas funerarias medievales de gran valor o las cuatro tallas de madera del primitivo órgano barroco son algunos de los enseres que amueblan sin orden este aposento funerario. Pero también hay restos de gárgolas, pináculos y otros elementos ornamentales.

Mario González, administrador de la Catedral, hace años que tiene la capilla en su ‘lista’ de intervenciones. Lo cierto es que no necesita más que una mano de limpieza y despojarla de ‘bártulos’. Es la última que se construyó en el templo gótico, en el siglo XVII, por encargo del conde Rebolledo, empeñado en que aquí estuviera su última morada. Su sarcófago es una «joya» y es «una de las capillas más bellas» de la Catedral, según el historiador y responsable del Sueño de la Luz José Manuel Rodríguez Montañés.

Pese a que está dedicada a la Purísima Concepción, es conocida por el nombre de su promotor, Bernardino de Rebolledo y Villamizar (1597-1676), cuyo escudo nobiliario decora la puerta con el lema: Vivit post funera.

La capilla, que al conde le costó 39.000 reales, fue realizada por los maestros cántabros Juan de la Vega, Juan de Rucabado y Pedro del Hoyo. El historiador leonés Fernando Llamazares Rodríguez, en su artículo La capilla del conde de Rebolledo en el claustro de la catedral de León (1667-1669), publicado en 1984 en la revista Tierras de León, que edita la Diputación, da cuenta de otros dos enterramientos en esta estancia. Son las tumbas de Pedro Quijada Rojas y Quiñones, deán de la Catedral, y de Luis Quijada (con los huesos de sus padres, abuelos y bisabuelos), que fue regidor de la ciudad de León.

   
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