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El CLA recibe los titanes de hierro de Guillermo Basagoiti

El creador vasco expone sus estructuras junto a la obra rompedora de su hijo Bill .

 

Guillermo Basagoiti, ayer, ante una de sus obras, expuesta en el patio del CLA. - cuevas

marcelino cuevas | león
09/03/2012

El Centro Leones de Arte presentó ayer la exposición de esculturas de uno de los grandes maestros españoles del siglo XX, Guillermo Basagoiti. La acompaña, en el espacio Emergente, una muestra de Bill Basagoiti, su hijo y seguidor en la actividad artística.

Guillermo Basagoiti es un artista al que no le asusta cerrar capítulos en su quehacer profesional. Nacido en Madrid en 1944, con ascendientes asturianos y vascos, realizó estudios de Ingeniería. Posteriormente trabajó en informática y colaboró, como fotógrafo, en importantes publicaciones nacionales e internaciones, algunas tan ilustres como Life o Sport Illustrated. Pero a partir del año 1975 decidió que lo que de verdad le interesaba era la escultura. Llegó a ella después de un duro aprendizaje en la aldea asturiana de Villaverde, donde descubrió los secretos de la forja. Pronto se convirtió en uno de los más destacados escultores del último tercio del siglo pasado, con unas obras de gran potencia plástica realizadas en su mayor parte en hierro macizo. Explica el artista que su inspiración le llegaba directamente de la memoria, «de mis recuerdos de los paseos estivales a la orilla de la ría de Bilbao. Allí contemplaba con admiración las grandes grúas y las siluetas de los barcos». Sus influencias más patentes son las de los artistas vascos Chillida y Oteiza. «Mi mayor interés ha sido siempre recuperar la intervención, la huella del hombre en esos grandes bloques de hierro. Pretendí que quedara patente presencia de los artífices de esas máquinas, que tiempo después vi como se destruían en el puerto de Gijón, donde enormes cizallas acababan con los estructuras de barcos que, en muchos casos tenían más de cien años de existencia y que habían navegado por cauces tan míticos como el río Mississippi».

Su primera exposición individual la realizó en la galería Atalaya, de Gijón, en ella quedaba claro su interés por las estructuras cuadrangulares, en ocasiones totémicas. Recibió también Basagoiti, la influencia de los asturianos Rubio Camín y Amador Rodríguez, gracias a los cuales comenzó a emplear grandes láminas de hierro dobladas en ángulo, procurando siempre la recuperación de materiales de desguace, incorporando a sus trabajos, que él llama decollages, la historia intrínseca de aquella chatarra.

Cambio de tercio. Pero pronto cerró también este capítulo de su vida profesional, para dedicarse de cuerpo y alma al Museo asturiano de Evaristo Valle, del que sigue siendo director. Si primero olvidó la fotografía, lo mismo sucedió en ese momento con la escultura, a pesar de los grandes éxitos conseguidos con su obra. El comisario de las dos exposiciones del CLA, comentaba en el acto de presentación que, la obra de Basagoiti «está emparentada con la gran familia de escultores del pasado siglo que toma relevo de figuras míticas como Oteiza o Chillida. Es una generación que empieza a trabajar en los años 70.

La gran maravilla que consigue Basagoiti es la de resaltar, incluso hacer aparecer en medio de unas esculturas severamente geométricas, sabiamente construidas, la presencia de lo humano. No es sencillo conseguir con un material tan duro como el hierro, que parezca la huella de lo humano».

En cuanto a la exposición del emergente Bill Basagoiti, como hemos dicho, hijo de Guillermo, explicaba el comisario de las muestras: «Si el padre es genial, el hijo es fantástico. Para que nazca un artista tienen que darse muchas circunstancias y que estas lleguen a florecer. En el caso de Bill se dan primero referencias, no se puede entrar en el mundo del arte sin tener la cabeza situada dentro de lo que es una larga tradición.

   
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