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Reportaje | Marcelino Cuevas

El pintor que vence a los insectos

Extraordinaria exposición de Modesto Llamas Gil en la galería de arte Ármaga

 

Modesto Llamas Gil, junto a una de sus series de retratos expuestos en Ármaga. - cuevas

07/11/2010

En su anterior exposición, Modesto Llamas Gil tenía la mosca detrás de la oreja. El enorme pintor, el clásico por excelencia de la pintura leonesa contemporánea, tiene por compañeros, en su nueva muestra en la galería de arte Ármaga, a otros insectos, a un interminable, un sinuoso y persistente ejército de hormigas. El pintor explica la presencia de los pequeños bichos en sus autorretratos con su peculiar ironía. «Estas hormigas entraron un buen día en mi habitación a través de una ventana abierta y aparecieron haciéndome compañía en la cama. Entonces me dije: -˜¡Coño, algo quieren!-™ Por eso las he tenido en cuenta-¦ y es que me parece que de alguna manera me estoy acercando inexorablemente a los insectos».

En esta exposición ha querido el artista que estén presentes sus dos vertientes temáticas: la referencia a la realidad, representada en este caso por doce retratos familiares que resumen el entorno vital que le rodea y que forman un extraordinario puzle. «A través de lo que uno hace -"dice Llamas-" demuestra lo que siente, y yo quiero mucho a los míos». Y en el otro apartado, la pintura nacida de las sensaciones, de las emociones del artista ante el paisaje de sus sueños, de sus alucinaciones, de sus pesadillas-¦ o de sus ilusiones. Virtuosas representaciones del mejor expresionismo abstracto en las que permanece siempre un recuerdo, una referencia, a la naturaleza.

Impresiona comprobar que la mayoría de las obras expuestas están pintadas en los últimos dos años, lo que demuestra que su actividad es incesante. Por Llamas Gil los años pasan sin dejar huella, su mirada sigue siendo tremendamente perspicaz, su pulso firme, y su imaginación no cesa de producir imágenes en perfecta concordancia con el correr del tiempo. Sus obras son tremendamente actuales, están llenas de vigor y, como decía Luis García Zurdo, al contemplarlas «tienen el pulso firme de los pintores barrocos».

Mención especial merece el retrato que Modesto Llamas Gil ha realizado de uno de los más insignes poetas leoneses, Gaspar Moisés Gómez. Es el último retrato que ha pintado y que técnicamente es todo un ejercicio de virtuosismo, pero en el que además se encuentra perfectamente identificada la complicada personalidad del poeta.

Un cuadro de colores valientes que capta a la perfección el espíritu del personaje retratado. Como sucediera antes con los que ha pintado de Gamoneda, Crémer o Pérez Herrero.

Y el propio Antonio Gamoneda le ha dedicado para esta ocasión unos versos en los que dice: «Pero a veces sucede/ que la luz se desprende de tus manos/ y busca la libertad y se convierte en / Pulsaciones vivientes bajo/ ciertos colores que no tienen nombre. / Proceden del abismo. Son / frutos incandescentes, abrasados/ por la libertad y por ti. / Todo ello sucede porque has llamado a la luz/ ya la luz se ha posado/ suavemente en tus manos».

El pintor mira a los visitantes de la exposición desde la atalaya de sus autorretratos. Dibujos sencillos pero cargados de emoción en los que las incansables hormigas desfilan marciales hacia un destino ignorado. Pero pasan de largo, nada tienen que hacer ante la fuerza de un hombre que está despierto, que tiene una mosca avisadora detrás de la oreja, un torrente de colores hirviendo en su cabeza, y una manos ágiles dispuestas siempre a domeñar el tiempo, a vencerlo y hacerlo prisionero sobre el lienzo.




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