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OPINIÓN

El espléndido legado de Caneja

 

MARCELINO CUEVASMARCELINO CUEVAS 03/02/2007

HAY quien piensa que los cuadros de Caneja son una interpretación poética del paisaje de Tierra de Campos pasada por el tamiz intelectual de París, visiones conservadas en el alma y transmitidas a través de técnicas que recuerdan a Matisse o Cézanne. «El canejismo -dice quien fuera su albacea testamentario, Javier Villán- ha sido siempre una especie de secta, un grupo iniciático, una ceremonia restringida. Los que admiramos la obra de Caneja, hemos tenido siempre una cierta conciencia de exclusividad compartida». Desde ayer los sesenta cuadros que el artista legara a la ciudad leonesa ya pueden admirarse en su ubicación definitiva, el Palacete de Torbado, bajo el auspicio del ILC. Se trata de una obra que cuenta ya con lugar propio entre lo más destacado del siglo XX. «La pintura de Caneja se centra en el estudio del paisaje -comenta el Luis García, director del departamento de arte del ILC- si se exceptúan algunas obras abstractas realizadas a finales de los años veinte. El artista concentró su interés, durante algo más de cinco décadas, en el estudio sistemático del paisaje castellano, si bien es cierto que también realizó algunas obras en las que incorporó el bodegón. Caneja, cuando aborda el tema del paisaje, lo hace acercándose a él de forma sincera y directa. El artista incorpora al mismo tiempo a sus cuadros una carga afectiva muy profunda. Sus pinturas parecen reflexiones sobre su vivencia interior de la soledad y de la austeridad del campo castellano». Sobre la obra del artista, sobre sus pinturas y sus poemas, ha dicho el que fuera su amigo. Antonio Gamoneda: «El maestro Caneja fue poeta, es decir, profeta de sí mismo, de su definitiva y bella obra». «Hace 19 años que murió Caneja -dice su albacea- sin llegar a ver el destino de su obra. Hoy creo que se han cumplido sus deseos a plena satisfacción, los cuadros que se amontonaban en su ático y que el artista veía con cierta aprensión e incertidumbre, ya no corren el peligro de que los sepulte el olvido o los deteriore el tiempo. Quien quiera contemplar toda la pureza canejiana en su plenitud podrá admirarla en el Palacete de Torbado, el Museo Municipal de Madrid, el Reina Sofía o el IVAM de Valencia. No son malos sitios para quien hizo de la pintura su vida y su patria, y el lugar sagrado de su independencia y su amor a la libertad».