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La estación que no quiere perder el tren

Castrofuerte logra una subvención de 108.000 euros para restaurar su patrimonio ferroviario, formado por tres edificios de más de un siglo Debaten qué uso dar al principal de ellos.

 

La vieja estación de Castrofuerte, edificio principal de un conjunto que dio servicio al ‘tren burra’ entre 1915 y 1969. MARCIANO PÉREZ -

A la izquierda, Juan Ignacio Chamorro, presidente de la junta vecinal de este pueblo de la vega baja del Esla, en el interior de la estación. Arriba, vistas de la casilla y del almacén, cuyo entorno será ordenado y urbanizado. MARCIANO PÉREZ -

11/10/2018

e. gancedo | castrofuerte

Si ya no circula el tren, que lo haga la cultura. Y los ciclistas y los paseantes, y los trasiegos agrícolas, aunque sean ya posmodernos. Hace cinco décadas que el vapor del entrañable y cachazudo tren burra no silba a su paso por Castrofuerte pero los formidables edificios que le recibían y avituallaban en este pueblo de la margen izquierda del Esla saldrán de su abandono para, de nuevo, volver a dar cobijo a las gentes. Así será gracias a un proyecto de restauración que, entre otros cuarenta —Diario de León los está detallando desde el mes de agosto—, recibió el visto bueno del Plan de Restauración del Patrimonio de la Diputación provincial, bien nutrido con seis millones de euros y que otorgaba un máximo de 200.000 euros a cada proyecto. A este, en concreto, le han sido concedidos 108.300 euros.

La activa junta vecinal de Castrofuerte está detrás de la iniciativa de rehabilitar tres inmuebles emblemáticos del patrimonio industrial relacionado con aquel popular ferrocarril de vía estrecha: «Uno de ellos era la estación propiamente dicha, en cuyo piso de arriba vivía el jefe de estación con su familia, otro es un almacén de buenas proporciones y por último, una casilla auxiliar. «Son edificios alzados hace 110 años, muy sólidos, con muros de un metro de espesor», muestra Juan Ignacio Chamorro, presidente de la junta vecinal de Castrofuerte, y quien recuerda cómo, una vez extinguida la línea férrea, fueron completamente saqueados («se llevaron todo el material y arrancaron puertas, ventanas, cubiertas... de todo»). Ahora, el proyecto aprobado plantea rehabilitarlos por completo —sólo el tejado del almacén pudo repararse en el pasado gracias a un plan de pequeñas obras también de la Diputación— aunque su uso concreto es aún objeto de debate. «Ante todo queremos ordenar el espacio, que en total ocupa casi una hectárea, urbanizarlo y recuperar elementos exteriores como el muelle de descarga, el puente de la grúa y las básculas, pero no para que queden ahí, sino para que vuelvan a usarse, hoy, por parte de los agricultores. La mejor manera de conservar algo es darle uso y que los vecinos lo sientan como algo propio», afirmó Chamorro.

Raíles «verdes»

Además de la revalorización de esos elementos, parte de los nuevos edificios servirán para proporcionar servicios a los ciclistas y caminantes que recorren la veterana y en parte muy usada Vía Verde del Esla —11 kilómetros entre Valencia de don Juan y la ‘raya’ con Campazas—, la única, junto con la lacianiega, existente en la provincia y cuyo mal estado a su paso por Castrofuerte quiere subsanar, asimismo, esta junta vecinal. Pero en lo que respecta al almacén y a la estación, de momento no hay quorum. «Sitio donde reunirnos ya tenemos, y de sobra», avisa Juan Ignacio Chamorro, y desliza la posibilidad de un empleo cultural o de hacer, como en Fresno de la Vega, espacio para emprendedores y semillero de industrias. Y es que quitando la villa del pimiento y Palanquinos —la meta del tren burra—, el resto de edificios relacionados con aquella vía en la provincia, o ya no existen, o se encuentran en condiciones fatales, como sucede en Cubillas, Valderas, Campazas...

Fuentes, árboles, un compresor para uso de los ciclistas, y la recuperación de estos edificios industriales, en los que sobresalen los viejos andenes y la sólida estructura de madera del tejado, están en la base de un proyecto que, tras su licitación, bien podría comenzar a hacerse realidad el próximo mes de enero para estar finalizado en verano.

El pueblo es laborioso y sabe de obras. Sin ir más lejos, acaban de restaurar —casi reedificar— la iglesia parroquial tras un larguísimo proceso que arrancó en 2002 y en la que han invertido, en sucesivos tramos y etapas, un total de 200.000 euros.

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