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LUZ CASAL CANTANTE

«Evito a la gente tóxica»

 

Imagen de archivo de la cantante Luz Casal. MARTA O. CRAVIOTTO -

02/03/2018

miguel lorenci | madrid

Que corra el aire es el nuevo disco de Luz Casal. Es el número quince con temas propios en una carrera de casi cuarenta años y sale hoy a la venta. Esperanzado y optimista, «más de amores que de amor», es una invitación «a vivir el ahora y tirar pa’lante». Toda una declaración de intenciones de una luchadora que ha plantado cara al cáncer y a la vida.

—¿Por dónde debe correr el aire?

—Me da igual que venga del este o del oeste. El caso es que corra, que ventile un poco el ambiente.

—Cargado, por cierto, con polémicas censoras ¿Se ha autocensurado alguna vez?

—Nunca. Un objetivo principal de mi vida es ser lo más verdad posible. No voy a caer ahora en la tentación de autocensurarme. Aunque percibo que la gente tiene más cuidado. Se crean polémicas a cada instante, pero no me gusta hablar en términos generales y evito polemizar. Digo lo que tengo que decir en las canciones, con mi actitud. No siempre tengo respuesta y opinión.

—Las mujeres siguen siendo minoría en el ¿machista? mundo del rock.

—Hay muchas y con mucho talento, pero menos que hombres. No es un mundo machista, pero, como en tantos ámbitos de la vida, tenemos menos reconocimiento. Es una evidencia. María Blasco, directora el CNIO, me dice que las mujeres en su nivel apenas son el 5% en los centros de investigación.

—¿Ha sufrido algún episodio de abuso?

—Ya los he descrito y los he expulsado. En algunos conciertos sacudí manos muy largas que buscaban mis genitales. Un locutor, que aún sigue en la radio, me mandó a casa a fregar. Cuando lo veo me salen víboras por la boca. Le digo de todo. Pero eso forma parte de la vida como un accidente, un drama personal, o una enfermedad.

—Vencer al cáncer dos veces ¿es vencer al miedo?

—Si tienes miedo al miedo, se acabó. No he estado en situaciones extremas, pero ser miedoso, no atreverse a hacer cosas por temor, te limita. Mi actitud es confiar en que si mi destino está marcado, no estoy ante el final. La carga del miedo no sirve para nada.

—Hay quien dice que un pesimista es un optimista mal informado.

—Siempre veo el vaso medio lleno, y no creo que esté desinformada. La visión contraria me parece pesarosa.

—¿Dónde está la base de su fuerza?

—En una vocación apasionada en lo profesional. Y en el deseo de vivir de disfrutar de todo lo que hago.

—¿Ha hecho siempre lo que ha querido?

—En la música, siempre.

—¿Y en la vida?

—Casi. Hubiera preferido no enfermar. Tener otros genes diferentes....

—¿Se llega a sentir rencor contra esos genes fatales?

—Sí. Y uno de los más agresivos tiene que ver con mi origen gallego.

—¿Hay que saber que estamos de paso?

—-Si eres consciente de que es así aprovechas más la vida. He perdido un poco de paciencia. Me cuido mucho de la gente que me resulta tóxica, por las razones que sean. La evito. No caigo en la frivolidad de pensar que tengo todo el tiempo del mundo. De un tiempo a esta parte, he hecho los ajustes de mi vida.

—Vivamos el momento, sigamos adelante ¿Es el resumen del disco?

—Es una buena síntesis. Y no es premeditado. La melancolía prima sobre la tristeza. Hay canciones como Lucas, dedicada de a un niño amigo desaparecido prematuramente por encefalitis, y a la ausencia de mi padre. Pero otras cómo Volver a comenzar, o ‘Qué corra el aire’ transmiten esa necesidad de vivir y disfrutar el momento.

—Cuatro décadas de carrera. ¿Pesan o dan alas?

—A mí no me pesan. En absoluto. Subí por primera vez a un escenario con once años. No tengo la sensación de que haya pasado tanto tiempo.

—¿Le preocupa la posteridad?

—Entre cero y nada.