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Falsificadores de petroglifos

Grafiteros bromistas labran signos egipcios en rocas donde existen grabados de la Edad del Hierro.

 

Modernos petroglifos, dos de ellos inspirados en la escritura jeroglífica egipcia; a la derecha, grabados de época medieval en rocas donde hay petroglifos antiguos. - campos

verónica viñas | león
16/11/2013

Con la ‘fiebre’ de los petroglifos han surgido los primeros falsificadores. Juan Carlos Campos, descubridor de decenas de grabados milenarios en la Maragatería que han llamado la atención de los mayores expertos del mundo y que ha contagiado su pasión por el arte rupestre a toda la comarca, ha descubierto ahora los primeros ‘intrusos’. Son grabados modernos en rocas donde hay otros de la Edad del Hierro. Ha localizado en el Castro de Sopeña, a tres kilómetros de Astorga, marcas de cantería insólitas, fuera de época y de lugar. Una de ellas es un jeroglífico egipcio con forma de cruz ansada —el Anj—, símbolo muy utilizado en la iconografía faraónica para representar la vida. También el grafitero bromista ha dejado una ‘I’ egipcia, parecida a la vela de un barco.

En la Peña de Santiago se encuentran las famosas herraduras que según la leyenda popular pertenecen a los cascos del caballo del apóstol Santiago. El arqueólogo José María Luengo, como recuerda Campos, ya citó en los años cincuenta estas siete herraduras, hoy casi invisibles, de ahí que «todos los demás grabados han sido añadidos en épocas muy recientes, salvo alguno inédito hasta el momento y otros en los que se plantean dudas, porque los líquenes que los recubren demuestran cierta antigüedad». Los petroglifos antiguos repiten el ‘estilo’ de cazoletas —marcas circulares grabadas en la roca—que aparecen en otros yacimientos cercanos, como las del Castro Encarnado de Cuevas. Más extraño es un símbolo con forma de rombo y una cruz en su interior, similar a otros cuatro que Campos ha encontrado en el citado Castro Encarnado y que, en su opinión, sin ser un ‘grafiti’ moderno, podría datar de época castreña o medieval. Marcas que, en principio, podrían haber sido utilizadas para delimitar un territorio. El hallazgo más curioso, sin duda, es la representación esquemática de un hombre. Un petroglifo de apenas unos centímetros, hecho con cuatro rayas, que encaja en las representaciones de ‘antropomorfos sexuados» y, como añade Campos, «en este caso, muy sexuado». En cuanto a la antigüedad de este ‘hombrecillo’, que a su descubridor le encanta pensar que quizá fue el «cepedano más pequeño y antiguo de nuestra querida tierra», podría ser de la misma época del castro prerromano en el que se encuentra, es decir, de la Edad del Hierro. El autor debió utilizar un instrumento de metal afilado para grabar unas líneas tan finas en la dura cuarcita.

Cinco años de búsqueda

Han pasado ya cinco años desde que Campos localizó los primeros petroglifos en la Maragatería. Tras un estudio inicial de la Universidad, que certificó su antigüedad en más de 6.000 años, el aficionado astorgano se ha quedado solo en la búsqueda de nuevos símbolos y altares rupestres y en intentar desvelar por qué están aquí.

Campos defiende que la Maragatería pudo ser «la cuna» de los laberintos. Falta averiguar si los petroglifos maragatos son las primeras manifestaciones de escritura y cuál es su significado; un enigma que nadie ha conseguido desentrañar hasta la fecha. Podrían ser representaciones solares que servían a las primitivas sociedades campesinas para llevar a cabo ritos de iniciación o propiciar la fertilidad.

Los petroglifos de la Maragatería no son sólo uno de los hallazgos más fascinantes del arte rupestre de los últimos años, sino que contienen los laberintos más antiguos del mundo.

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