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MINORÍAS ABSOLUTAS

Flojos

 

rafael saravia
11/04/2018

Somos todos unos flojos. La vida nos va colocando en lugares sorprendentes y el lenguaje va generando ciertas tendencias que superan lo asombroso. Ser un flojo es el nuevo perroflauta. Todo ello dictado a la ignominiosa clase obrera, o a representantes del PCE, desde una dilatada trayectoria laboral como la de nuestro ínclito Froilán «el esforzado».

Así se baten los días en nuestra España. Un chavalito como Froilán diciéndole a Ernesto Alba, secretario general del PCE en Andalucía, que él y sus compañeros Eduardo Zorrilla y Remedios Ramos son «unos flojos» amén de otros improperios más acordes con el barriobajerismo aristocrático del sobrinísimo Real. Es curioso como la verdad y la razón se ríen a carcajadas de nuestra vida política y social. Nos siguen meando con descaro y dicen que es lluvia caliente.

En esta semana en la que los máster de la Universidad Rey Juan Carlos se cotizan a precio de altramuz, donde van saliendo la cúpula entera del partido de gobierno con las ristras propias de las sobras de pocilga, nos enteramos que no era una la del master fraudulento, sino que hay más. Cristina Cifuentes, Pablo Casado, Daniel Pérez han hecho pero sin saber muy bien qué. Nada que no se pueda mejorar por arriba; su jefe y sus hermanos aprobaron carrera y una de las oposiciones más difíciles a la primera. Todos. Todos a la primera. Cúmulo de superdotados que luego dudan si el sujeto y el predicado han de concordar, pero que el sentido patrio lo mantienen intacto, que es lo importante. Ya saben: «España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles».

Nuestro querido ejemplo europeo —para lo que queremos—, nos dan ejemplos tremendamente similares. Recuerdo el caso del ministro de Defensa Alemán, Karl Theodor zu Guttenberg, que dimitió en 2011 tras ser acusado por el periódico Süddeutsche Zeitung de plagiar su tesis doctoral. O la ministra alemana de Educación y Ciencia, Annette Schavan, ella renunció a su cargo, al igual que Guttenberg, por el presunto plagio de su tesis doctoral. Pero hay más: el presidente de Hungría en el año 2012, Pal Schmitt, dimitió después de que demostraran que había plagiado durante su tesis doctoral. El ministro de Energía de Reino Unido, Chris Huhne, dimitió en 2012 tras ser acusado de obstrucción a la justicia por haber mentido sobre una multa de tráfico por velocidad —quien te viese, querida Aguirre—. Y así podría dar más ejemplos de lo que supone ser una figura pública con más o menos rigor moral para con el servicio público.

Pero al final aquí lo importante es no ser flojo. O como decía alguna mente lúcida por estas redes nada sociales, antes los ricos estudiaban para diferenciarse de los pobres, ahora es al revés, los que estudian son los pobres para que el sistema se ría de ellos y les diferencie bien. Si estudias para sacarte un título académico seguro que no perteneces a la élite que se puede permitir comprarlos. Porque en España, somos demasiados los flojos y muy listos algunos que tiñen de añil.

   
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