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Ésta es la segunda película de una trilogía que comenzó con «Érase una vez»

El gallego Juan Pinzás estrena el filme dogma «Días de boda»

 

Los actores protagonistas de la película «Días de boda», de Juan Pinzás - GUSTAVO CUEVAS

Efe - MADRID.
Efe 28/08/2002

El cineasta gallego Juan Pinzás, el único realizador español que oficialmente se ha adscrito al movimiento danés Dogma, firma Días de boda, la segunda entrega de una trilogía que respira cine libre y que, como en esta ocasión, remueve las miserias del hombre en el marco festivo de una boda. Después de Érase otra vez, la primera película española que recibió el certificado Dogma, Pinzás retoma algunos de los personajes que protagonizaron el filme para colocarlos en un ambiente nupcial y para someterlos al decálogo que marca la esencia del Dogma, una tendencia cinematográfica que fundaron en 1995 los directores daneses Lars von Trier y Soren Kragh Jacobsen. «Hago películas dogma por necesidad, ya que se trata de cine puro, de una forma de ver que lo importante son el guión y los actores; se trata de comprobar que es más importante la historia que la forma de contar la historia», dijo Pinzás, quien, con motivo de su nueva película -se estrenará el próximo 6 de septiembre-, recibió el diploma que acredita su afiliación oficial a dicho movimiento. Asunción Balaguer, Javier Gurruchaga, Monti Castiñeiras y Comba Campoy encabezan el reparto de este largometraje que se adentra, cámara en mano y sin trucaje fotográfico, en la boda de Sonia y Rosendo. Durante el banquete, los invitados irán destripando un pasado turbio que pondrá al borde del desastre el enlace entre los novios. Rodada en gallego y en castellano, Días de boda nace, explicó Pinzás, «de mi película anterior, donde también estaban los personajes de Nacho, Beatriz y Rosendo, por lo que decidí contar más cosas de ellos; pero no es una continuación, sino una historia completamente independiente». «Escribí el guión con mucha honestidad porque, además, me propuse entrar más a fondo en el mundo homosexual ya que en el cine este tema lo suelen tratar con bastante frivolidad. Yo quería acercarme con seriedad ante la necesidad social que existe de ello», añadió el realizador gallego. La libertad es la premisa que orienta el cine dogma, tanto en la historia como en el trabajo con la cámara y los actores. Según los diez mandamientos de esta corriente danesa, no caben en sus películas la manipulación fotográfica ni los trabajos de sincronización de sonido: la cámara captura la vida y no se permiten arreglos de producción ni de postproducción. «La propuesta dogma implica mucho riesgo y es algo que hay que asumir desde el principio. De hecho, en el rodaje surgieron sorpresas porque los actores improvisan constantemente», afirmó Pinzás.





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