+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

EL INVENTO DEL MALIGNO | JOSÉ JAVIER ESPARZA

Juez

 

JOSÉ JAVIER ESPARZAJOSÉ JAVIER ESPARZA 06/05/2009

A LO MEJOR se acuerda usted de Ana Rosa Quintana, hace ya muchísimos años, ejerciendo de procuradora en un tribunal televisivo de Telecinco. Era un programa donde la gente acudía con litigios de orden menor y allí un juez (porque era juez de verdad) resolvía con arreglo a Derecho.

La sentencia no tenía validez alguna, evidentemente, pero a los querellantes les servía para saber si tenían razón o no y, de paso, el público aprendía cosas muy interesantes sobre el mundo de las leyes. Hay quien criticó mucho aquel programa -” Veredicto, se llamaba-” porque era una parodia de la Justicia; el reproche era cierto, pero, a cambio, aquella puesta en escena enseñaba a la gente verdades muy útiles.

La noticia es que ahora la fórmula ha vuelto a Telecinco: se llama De buena ley, lo ha producido Arión y se emite antes de comer. A mí me parece que esto debería funcionar. España tiene fama de país querelloso, lo cual ha dotado a nuestra cultura popular de una sólida tradición jurídica o, por lo menos, pleiteadora, desde los legendarios Jueces de Castilla hasta el Tribunal de las Aguas valenciano, pasando por el Justicia de Aragón e innumerables instancias del mismo género salpicadas un poco por todas partes. Es un rasgo que forma parte de nuestra identidad colectiva: hoy mismo, es sorprendente la cantidad de gente del común que recurre a los tribunales para dirimir un sinfín de cosas, y no diré que esa es la causa del proverbial colapso de nuestra Justicia, pero sí es verdad que la afición del español por los pleitos no conoce parangón en otras latitudes. Este programa que ahora quiere recuperar Telecinco encaja perfectamente en nuestro metabolismo identitario (con perdón), en nuestra manera específica de ver y hacer las cosas.

En realidad lo que me sorprende es que desapareciera. A lo mejor es que a la gente terminó pareciéndole blandito y poca cosa, porque el perdedor del pleito no acababa en la cárcel, sino que se marchaba a casa tan campante. El de ahora, este De buena ley, se diferencia de anteriores ejercicios en que los casos son reales y los litigantes son actores contratados para dar carne a las partes, valga la expresión. No es nada escandaloso: es la práctica habitual en este tipo de programas. Quien hace de juez es Gustavo Larraz, que tampoco es juez, sino abogado, pero que ha cobrado justa fama por su defensa de las víctimas de errores médicos, entre otras cosas. Como Larraz es hombre sensato y conoce el paño, hay que esperar de él que sepa explicar a los espectadores el porqué de la Justicia, una extensa selva no siempre transparente. Así De buena ley conseguirá ser un programa no sólo entretenido, sino también útil.



Buscar tiempo en otra localidad