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Julio César se sienta en el diván

El autor leonés presenta esta tarde ‘Diario de un escritor cobarde’, obra en la que profundiza en las incertidumbres que acechan la vida del hombre contemporáneo.

 

El escritor leonés Julio César Álvarez. - hugo alonso

cristina fanjul | león
12/12/2014

Julio César Álvarez sabe mucho de los demás. Lo que no sabemos es lo que conoce de sí mismo o si quiere contarlo. Algo de eso hay en Diario de un escritor cobarde (Ediciones Lupercalia, 2014), su nueva obra, un libro que le ha hipotecado durante más de dos años y que hoy presenta en Artemis. No es fácil hablar de un autor como Julio César Álvarez, y no lo es porque puede resultar inclasificable. Uno nunca se espera las historias que conforman las palabras elegidas por este escritor, psicólogo de profesión, que se mueve por el sendero de la creación mutatis mutandis, sin importarle que su nueva creación no tenga nada que ver con la anterior. Solo así se entiende que, tras El tiempo nos va desnudando, Mientras el mundo cae. 50 nombres de la nueva escena cultural leonesa, Luz fría y Madrugada, nos sorprenda con una obra con la que se aventura, otra vez, por el camino más difícil. Pero, como la vida es de los valientes, Julio César se ha vuelto a tirar sin red. «Cuando comencé a escribir este libro la realidad diaria había cambiado. Y ya no valía hacer libros como antes, un tanto indulgentes y cómodos», subraya, consciente, no obstante de que ninguno de sus libros pueden definirse por su carácter condescendiente. Pero, como todo le parece poco, ahora se ha embarcado a bordo del diván para mostrarnos la vida sin imágenes ni florituras, haciendo que, como decía Adorno, cada frase valga literalmente lo que se dice en ella. «Me parecía necesaria una literatura en otra dirección. Algo diferente, más desnudo, honesto y clarificador con el papel del escritor en el siglo XXI. Y como los adolescentes o los soldados, seres en crisis, decidí hacer un diario íntimo, algo narrativo y lírico a la vez», sostiene.

En Diario de un escritor cobarde, Julio César Iglesias retrata la figura del escritor «post-crisis y post-casi todo», postmoderno, en fin, el literato que ya no cree en que su función en la sociedad sirva a nada más que a la propia literatura, mientras observa desencantado que el terremoto de Lisboa vuelve a hacernos retroceder: «He querido responder a esa otra pregunta tan difícil y necesaria para un autor reflexivo, qué sentido tiene escribir».

Julio César se sirve para este proyecto del modelo ‘diario’, porque el diario siempre ha sido para él un género fetiche. «Algunos de mis libros favoritos son diarios puros (desde el Diario político y sentimental de Francisco Umbral a los Diarios de Franz Kafka)», explica. Y es que, deformación profesional o no, sostiene que siempre consiguen retratar al autor y su literatura como ningún otro género. «De hecho, creo que un escritor madura literariamente hablando con el espejo de su propio diario. Sea real o no. La paradoja, claro, es que Diario de un escritor cobarde pretende ser natural e inevitablemente mezcla al escritor-ficción con la persona que soy», dice.

El creador de Azul eléctrico, defiende que la literatura y los escritores necesitan estar en un proceso de reinvención constante, acompañando el cambio social que les rodea. Y eso es lo que se propuso hacer con Diario de un escritor cobarde, hacer la foto, el retrato de la transformación diaria de cualquier individuo. «Por eso, un diario es literatura que parece no serlo», defiende Julio César Álvarez, que añade que el estilo de los diarios es cercano, lo que ayuda al lector a reflejar su propio cambio. «En un diario deseamos pasar las páginas y arrojar nuestra curiosidad sobre el otro, convertirlo en alguien menos incierto. Y eso, cuando se consigue, es un enorme logro literario».