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La autora de su biografía, Magdalena Lasala, le considera precursor de Hitler

La historia de Almanzor, el caudillo árabe que arrasó León

 

Magdalena Lasala, autora de la biografía de Almanzor - CLAUDIA MUNAIZ

V. V - LEÓN.
V. V 12/09/2002

Once siglos después de su muerte, Almanzor sigue siendo un nombre oscuro en la historia de España y, especialmente, en la de León, ciudad que arrasó en el año 998, destruyendo completamente la primitiva iglesia de San Isidoro, que sería reconstruida más tarde por Fernando I. La Catedral, en cambio, resistió la embestida o, al menos, no sufrió graves daños, ya que un año después era coronado en ella con todo esplendor el rey Alfonso V. Magdalena Lasala recupera ahora la biografía del gran caudillo militar de Al-Andalus. La escritora considera a Almanzor como «un ambicioso precursor de Napoleón, Hitler o Franco». Las crónicas hablan de 57 expediciones victoriosas con las que extendió el dominio musulmán a buena parte de la Península, imponiendo fuertes tributos a los monarcas de León y Navarra, a los que forzó, además, a entregar a sus hijas para imponer la paz en sus dominios. En el año 995 Al Mansur, «El victorioso» (Almanzor) se apodera de Astorga y Vermudo firma un pacto con él, pero seguidamente el caudillo musulmán arrasa Zamora, León y Astorga en su paso hacia Galicia, donde se apodera de Santiago de Compostela. En los años siguientes Almanzor dejó en paz estos territorios y Vermudo se dedicó a reconstruir los daños causados por los musulmanes. Fiel a la investigación que despliega en obras de temática árabe, la biográfa de Abderramán III publica ahora en la editorial Temas de Hoy la biografía de Almanzor con el subtítulo de El gran guerrero de Al-Andalus. Lasala ha afirmado que, al impregnarse de la personalidad de Almanzor, no ha podido redimir al personaje, «porque todos los indicios apuntan a una personalidad perversa y ambiciosa hasta límites insospechados, a un psicópata y a un neurótico». Acomplejado por no haber nacido dentro del linaje Omeya, pues su padre era un yemenita que llegó a la península con Tarik, el primer caudillo árabe no se atrevió a que le nombraran califa, a pesar de demostrar que contaba con la inteligencia, la capacidad, la potencia y el coraje de un rey. Toda su vida actuó en función de una desmedida ambición, asesinando a los que se le opusieron y utilizando su aspecto físico y su capacidad de despertar placer en las mujeres sólo para conseguir poder. Almanzor fue el precursor del líder occidental moderno que se considera con derecho a llegar al poder por ambición personal y supeditaba a ella cualquier otra cosa. Casado con una princesa de León y otra de Navarra, aprovechó el desinterés de Alhaken II por el saber para situarse en las cercanías del poder y para congraciarse con los dirigentes espirituales árabes. Curiosamente, no se conserva hoy nada de Almanzor, pues no existen restos de su cuerpo, ni de su descendencia, ni de su ciudad de Medina-Zahira, ni de su palacio de Medinaceli. Siglos después, el magistral Zurbarán inmortalizará la imagen de Almanzor en un espléndido retrato en el que el árabe aparece ataviado con lujosos ropajes. La escritora cuenta que después de la última ofensiva contra los cristianos en la toma de San Millán de Cogolla, Almanzor ya estaba muy delicado de salud. De camino a Córdoba, fallecerá de cáncer de páncreas en Medinaceli.

   
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