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El leonés que dejó la palloza, se fue a la selva y conquistó Nueva York

Daniel López Abella presenta hoy su novela ‘Las cicatrices de Sergio’.

 

Daniel López Abella. DL -

11/04/2018

Lugar: Librería Artemis. Villa Benavente, 17.

Hora: 20.00.

verónica viñas | león

Nació en una palloza y acabó en la Gran Manzana. Pasó de vivir como «en la Edad Media», sin agua corriente ni luz eléctrica, a ser empresario en Nueva York. Y todo en apenas 40 años. Los mismos que transcurren para el protagonista de su nueva novela, Las cicatrices de Sergio, la historia de un emigrante que, como el autor, retorna a su tierra en busca de su pasado.

Daniel López Abella, hombre de mundo, profesor y escritor de vocación tardía, presenta hoy su novela en la librería Artemis a las 20.00 horas. Se trata del tercer libro que publica este ingeniero de Minas oriundo de la pequeña localidad de Lumeras, en el corazón de los Ancares.

«Nací en la posguerra, fue una época dura. Vivíamos en una palloza y estábamos aislados, sin carreteras. Vivíamos como habían vivido nuestros bisabuelos», recuerda. Esa época la plasmó en su primera novela, Pulso al destino. A los 26 años, tras haber estudiado Minas en León, emigra a Brasil. «Allí me pasaron mil aventuras», dice. En la selva amazónica trabajó como geólogo buscando minerales para una empresa de fertilizantes. Esta etapa también ha dado como fruto una novela, titulada Bajo el cielo verde del Amazonas.

López Abella pasó unos años en Venezuela y otros nueve en Estados Unidos, donde durante cuatro años fue un ‘sin papeles’. «Una experiencia digna de contar», que tendrá también una próxima novela.

Las cicatrices de Sergio se desarrolla en Avilés, donde el autor pasó su juventud, en los comienzos de la potente siderurgia asturiana. «La realidad cruda es infumable», sostiene el escritor, por eso «hay que novelarla», aunque en su caso y con sus vivencias, la realidad supera con creces a la ficción.

A pesar de que nunca fue un lector empedernido, porque en su casa escaseaban los libros, pensó que sus descendientes no creerían cómo era hace poco más de medio siglo Lumares, «que ahora está lleno de farolas y de chalés». Fue así como se despertó en él la necesidad de contar su historia a través de unos personajes que se le parecen inevitablemente.

Las cicatrices de Sergio, con algunos tintes de novela negra, por fuerza, como toda su obra, es autobiográfica. Una historia atravesada por un amor de adolescencia. El protagonista, como el mismo López Abella y «como todos los emigrantes», trata de regresar al mundo que dejó atrás, un mundo que ha cambiado y que le cuesta reconocer. El escritor, que admite ser un trotamundos, recupera en su última novela los paisajes afectivos de su adolescencia, en un Avilés donde se alzan las gigantescas chimeneas de Ensidesa.

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