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«Los enemigos de España están aclarados desde Felipe II hasta hoy»

Reñones presenta en La Bañeza la tercera entrega de su antihéroe Patillo.

 

José Antonio Martínez Reñones. JESÚS F. SALVADORES -

14/04/2018

Lugar: bar El Industrial. La Bañeza.

Hora: 21.00.

Entrada: cena, 12 euros.

e. gancedo | león

—¿Por qué rescatar a Patillo, qué hechos de la actualidad le han hecho salir de su guarida?

—Patillo no es banco con directivos cleptómanos ni emigrante en alta mar a quien pueda aplicársele ningún tipo de rescate, sino persona libre y desprejuiciada que va y viene por la Historia. Como bien sabe el público lector, Juan José Patillo nos va dando, a través de este transcriptor, sus memorias cuando le parece, y cuando no le parece, pues nos quedamos sin ellas Los hechos que en esta entrega se narran corresponden a unos días de 1979, cuando Juan José Patillo, el que fuera llamado Patillo Primero, ‘El Niño del Ataúd’, en su aventura taurina, y el que se entregara a fondo y sin flotador en la aventura psicalíptica de La Balalaika, toma contacto con aquel tiempo llamado ‘mili’ que los españoles varones entregábamos a la patria, y que a él le correspondió rendir durante 14 meses en Ceuta.

—¿Quiénes son esos enemigos de España que no están a la altura y en qué condiciones se desarrolla el combate?

—Los enemigos de España están perfectamente aclarados y contingentados de Felipe II a esta parte. Y son de órdenes y elementos variados, lo que añade complejidad al asunto. Por una parte está el enemigo exterior, ese con pretensiones no sólo de conquista sino incluso de exterminio (ahí tenemos variedad de países y culturas con las que nos las vemos y tenemos cada cierto periodo histórico). Por otra está el enemigo interior, aquellos que sólo adquieren personalidad propia si disputan contra España. Este es un tipo de enemigo parásito y, sobre todo, muy pero que muy peñazo, que a decir de especialistas ha de ser combatido y sobrellevado cada temporada al estilo de las cepas de la gripe. Por último está el enemigo total. Aquí entramos la totalidad de los 47 millones de españoles: no se conoce un solo caso de español que no tenga una idea absoluta, radical y perfecta para solucionar todos los problemas patrios y, además, a bajo coste y sin mucha pérdida de tiempo.

—Para quien no conozca el personaje, ¿cómo podríamos resumir su catadura moral, física y psicológica?

—Difícil resumir a Patillo, pues cualquier definición le amputa. Patillo no cabe en lo que se puede decir de un héroe, tampoco de un antihéroe. No cabe en la picaresca, pero se aleja de cualquier moralina con alcanfor… Si algo le incomoda es estarse quieto y aún peor si esa quietud implica mediocridad. Con esos pecados, ideales para tantos, él no comulga. Es tan gran soñador como paciente de sus sueños. Le impulsan ideas quiméricas y creen en la multiplicidad del Ser y el Estar, que es la energía que los creadores usan para transformar el mundo, a veces para bien. Para poder explicar con tino sus experiencias ha habido que desarrollar prácticamente todo un género literario que podríamos denominar como realismo estrafalario o roman beduniense. En política es tremendamente respetuoso con todo tipo de ilusión óptica colectiva ibérica, y aun presentando esta memoria suya el 14 de abril, dice no hacerlo por republicanismo, pero tampoco por monarquismo, o contra esto o contra aquello, ya que él sólo cree seriamente en la ‘Paticracia’: gobierno de los filósofos noctívagos, los quijotes irreductibles y los sufridos trabajadores autónomos.

—¿Habrá más Patillos en el horizonte?

—Es de desear que Juan José nos siga deleitando con retazos de su pasado. Por él sabremos de una época prodigiosa, de exultante ruralidad y francachela que, a medida que fuimos entrando en el Mercado Común, la globalización, la España de las Autonomías (sin autonomía, por supuesto, en nuestro caso) y la corrupción de cargos y costumbres, ha ido derivando en la actual letrina económica, psíquica y moral, de la que sólo espíritus nobles, cándidos y aventureros, como el de Patillo, nos pueden sacar.

   
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