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Los líricos paisajes de Antón Lamazares inundan Ármaga

La galería leonesa recibe las luminosas creaciones del veterano artista de Lalín.

 

Antón Lamazares, junto a uno de los cuadros que ha llevado hasta la galería leonesa. - cuevas

marcelino cuevas | león
19/12/2011

El verde, el intenso verde de los valles gallegos, inunda desde siempre las retinas de Antón Lamazares. Nacido en Lalín, en el mismísimo centro geográfico de Galicia, el pintor presenta en la galería de arte leonesa Ármaga una sorprendente serie de cuadros en los que las viejas casas de los pueblos perdidos y el verde infinito del interior gallego se muestran en todo su esplendor.

Lamazares es un veterano incorrupto que sigue observando con mirada de niño los rincones que le vieron nacer para luego trasladarlos a un extraño soporte, el cartón empleado para relleno aislante en diversos fabricados. «Yo comencé a pintar en el año 1973 —explica el artista— con la clara propuesta de hacer poesía a través de la pintura, y en esas sigo». «La pintura —dice Lamazares— puede hacerse sobre cualquier material, madera, lienzo, papel… de hecho, las pinturas más antiguas fueron realizadas sobre papel y sobre piedra. El lienzo es un invento tardío. Yo prefiero para trabajar en el cartón y la madera, en esta exposición lo que hay es todo sobre cartón».

En cuanto a su pasión por los verdes, solo manchados con algunos toques de ocre, recuerda el artista lo siguiente: «El verde es un color que habla de mi tierra, de la primavera, de la frescura… a mí me habla de los prados, de la esperanza… En mis cuadros sirve de fondo para esas casas que fueron, que son y que serán». Antón Lamazares, eterno sombrero calado hasta las cejas y espectacular habano que contraviene todas las normas, tiene mientras habla de su obra la mirada absorta de un campesino del interior que no llegará a conocer los luminosos azules marinos y que no será capaz de mirar al cielo mientras encorvado trabaja la tierra que le ata y de la que vive.

«Yo soy de aldea —asegura—, de la Galicia profunda. Las casas que se intuyen en mis cuadros hablan de las construcciones primitivas. Son las moradas indígenas de hace miles de años… y ¡cuidado! que a lo mejor mañana tenemos que volver a ellas. Los que somos de pueblo sabemos que la aldea se está acabando, que el mundo está siempre en construcción. Por una lado hay abandono y por otro reconstrucción… de eso es lo que hablan mis cuadros».

El poeta berciano Juan Carlos Mestre ve así el mensaje pictórico de Lamazares: «Los durmientes extraviados entre las casas verdes de los que hacen el amor con los dedos cruzados para que no descarrilen os trenes. Un tiempo para lo que se asoma de día y otro tiempo para el verde de lo que seguramente existe de noche. Un tiempo para los amantes clandestinos que testifican ante los cerezos y otro tiempo para los últimos clientes de de la cantina del búho, perseguidos por la belleza griega de la muerte».