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Más de la mitad de los castillos de la provincia no se pueden visitar

En algunos casos se encuentran en ruinas y otros son de propiedad privada.

 

Patio de armas del castillo de Alija, visitable. La fortaleza de Laguna de Negrillos y la torre del homenaje de Villanueva de Jamuz están cerrados. - ramiro/medina/domingo

Raquel Corral | León
28/08/2012

Cualquier turista que ansíe conocer los castillos leoneses acabará confundido y desolado por un panorama tan devastado como lo están las propias fortalezas. La emoción del visitante más resuelto se hundirá al conocer que más de la mitad de los castillos leoneses, en concreto un 60%, no son visitables. Algunos cierran sus puertas por ser de propiedad privada, otros por la vergüenza de encontrarse en ruinas y ser un peligro para los atónitos viajeros.

El castillo de Cea es un reflejo del abandono de nuestro patrimonio. Desde el ayuntamiento dicen que no se puede visitar porque incluso «hay peligro de que caigan piedras» —aunque, en realidad, no está cerrado y se puede acceder fácilmente al interior—. La construcción se encuentra «en ruinas» y «no sabemos cuándo se podrá abrir», avisan. Lo mismo ocurre con el de Laguna de Negrillos, una joya de la arquitectura defensiva que permanece cerrado. Sin embargo, su ayuntamiento ofrece la posibilidad de abrirlo al visitante el día deseado. Aunque eso sí, aseguran que «por dentro está vacío» y que «se ve mejor en la página web». Otro caso singular es el de la fortaleza-palacio de Villanueva de Jamuz. «No está abierta al público, se puede ver por fuera pero no está en condiciones de que la gente lo visite», comentan en el ayuntamiento. Un desamparo que encontramos en otro punto de la geografía leonesa: Villapadierna. Su torre se encuentra en una situación bochornosa que le ha merecido el dudoso honor de figurar en la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra (donde también están los de Beñal, Cea, Laguna, Palacios de la Valduerna —en manos privadas— y Sarracín). A las murallas y torreones de Almanza tampoco es posible acceder.

En otras ocasiones, los castillos se hallan en buen estado pero no son visitables por encontrarse en manos privadas. Un ejemplo es el de Quintana del Marco: su visita depende, en todo caso, de la voluntad del propietario. En la misma línea está el de Corullón. En el ayuntamiento cuentan que se puede «ver desde fuera» y que «‘igual’ podemos hablar con la familia que vive en él para verlo». Es lo que ocurre también con el castillo de Villafranca: se trata de una residencia particular y no es visitable, aunque abre sus puertas «tres veces al año».

Sin embargo, dentro de este descorazonador panorama hay castillos que sí son visitables, a pesar de mostrar en ruinas parte de sus estructuras. Algunos de los mejores ejemplos están en el Bierzo: el templario de Ponferrada, ciudad que ha hecho de su castillo un auténtico emblema, aunque aún quedan tramos por consolidar, y el de Cornatel, restaurado en buena medida por la Fundación del Patrimonio y que cuenta con horarios fijos a lo largo del año. Otro castillo conservado y abierto al público es el de Valencia de Don Juan, a orillas del río Esla. Desde la oficina de turismo informan de que durante este mes hay visitas guiadas a las 11.00, 13.00, 17.30 y 19.30 horas; la entrada cuesta dos euros y hay descuentos para estudiantes y jubilados. Cualquier persona que desee disfrutar de una de estas visitas guiadas tiene que presentarse en la caseta de información diez minutos antes de que empiece la visita. Más al suroeste, el de Alija del Infantado, bien consolidado, está abierto y, según su ayuntamiento, «está restaurado y de momento la entrada es gratuita». Cerca, los de Santa Elena y Villanueva de Jamuz son privados.

El de Grajal está abierto al público; pero también en la villa terracampina puede contemplarse su formidable palacio, cuya interminable restauración prosigue en estos momentos y donde hay un buzón para depositar «la voluntad». El alcalde se ofrece a enseñar el castillo él mismo, todo un acto de buena voluntad y generosidad. Además, en Grajal hay guías turísticos que descansan lunes y martes. Por otro lado, el castillo de Sarracín no cuenta con ningún control: ni horarios, ni entrada, como sucede en tantos otros de la provincia.

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